Desde hace 125 años nos hemos referido al Laudo de París con los términos:
Nulo, írrito e inválido
La necedad, sandez, simpleza, patochada, tontería y por qué no estupidez (RAE: f. Torpeza notable en comprender las cosas), de nuestros incómodos vecinos, no le ha permitido entender lo que estas tres palabras significan y mucho menos razonar sobre la insistencia de Venezuela en así sostenerlo.
El Diccionario de la Real Academia tiene 93.000 lemas (palabra que encabeza una entrada). Hay que tener en cuenta que, como ningún diccionario recoge todas las palabras, el léxico de una lengua se suele estimar, añadiendo un 30 % al de los diccionarios.
Se debe buscar entonces, en la Real Academia Española (RAE), una antigua palabra ya en desuso, pero mantenida: TREFE
El léxico español es un tesoro que guarda siglos de historia, es una cápsula del tiempo que nos transporta a épocas pasadas. En sus páginas encontramos palabras como “trefe”, que en su origen significaba “falso” o “falto de ley”. Su inclusión en el diccionario de la RAE nos permite rastrear la evolución semántica de nuestra lengua y comprender cómo ciertos conceptos han cambiado a lo largo del tiempo.
Imaginen a un mercader medieval vendiendo telas “trefe”, es decir, de baja calidad y engañosas. Ahora ¡Imagínense a un evento falso y, sobre todo, amañado como lo fue el Laudo de París, y que lo llamáramos ¡trefe!, además de nulo e írrito. Es un insulto antiguo, pero muy efectivo en el tema de la terquedad guyanesa.
Aunque esta palabra ya no se usa en nuestro vocabulario cotidiano, conocer su significado nos ayuda a apreciar la riqueza y la evolución de nuestro idioma, y quizás si lo utilizáramos de nuevo al referirnos a nuestro siempre estado Guayana Esequiba, pudiera que al este del Esequibo se dediquen a descifrar si los estamos insultando o si le estamos pidiendo que se centren en ubicarse correctamente en el contexto del Acuerdo de Ginebra, el cual lejos de sostener la validez o no del laudo, tiene como objeto la búsqueda de una solución práctica y satisfactoria a la controversia. Siempre he sostenido que la política venezolana históricamente sobre la controversia, ha tenido como objetivo principal, resolver la invasión británica en su territorio, no la división equitativa de un territorio en disputa.
En el actual contexto, Irfaan ante una reportera del New York Times, sobre la disputa del Esequibo, respondió que “no es una disputa sino una controversia”
¿Controversia o disputa?
El diferendo del Esequibo pudiera ser catalogado como ambas cosas:
Como controversia: Representa un desacuerdo de larga data y de gran importancia entre Venezuela y Guyana, con implicaciones históricas, geopolíticas y económicas. Ha generado debates intensos a nivel nacional e internacional, y ha sido objeto de numerosas negociaciones y mediaciones.
Como disputa: Es un conflicto específico y directo entre dos países por la soberanía de un territorio definido. La disputa se centra en la delimitación de la frontera y en la explotación de los recursos naturales de la región.
¿Por qué ambas?
La naturaleza compleja del diferendo, que involucra aspectos históricos, legales y políticos, lo convierte en una controversia. Al mismo tiempo, la disputa por el restablecimiento de la soberanía plana de Venezuela en el Esequibo, usurpada primeramente por el Reino Unido y heredada por su excolonia Guayana británica, hoy Guyana, aunado a la búsqueda de una solución concreta, lo enmarcan como una disputa.
El diferendo del Esequibo es un ejemplo de cómo un conflicto puede presentar características de ambas categorías.
Otro empecinamiento de Guyana, es afirmar que Venezuela no cuestionó el Laudo de 1899 hasta 1965
El 29 de marzo de 2018, el Gobierno de la República Cooperativa de Guyana solicita a la Corte que falle y declare que: El Laudo de 1899 es válido y vinculante para Guyana y Venezuela, y el límite establecido por ese Laudo y el Acuerdo de 1905 es válido y vinculante para Guyana y Venezuela;
Guyana obstinadamente afirma que Venezuela no cuestionó el Laudo de 1899 hasta 1965, sin ninguna duda, no es así; desde el mismo momento de la absurda sentencia, se ha reflejado a nivel nacional e internacional, los cuestionamientos irrefutables que hacen al mismo nulo e írrito.
Entre muchas pruebas infinitamente argumentadas en distintos foros, me permito traer a esta audiencia, un aspecto clave para refutar la absurda versión guyanesa, me refiero a la denuncia de 1903 ante la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya, introducida por un grupo de abogados venezolanos, encabezados por José de Jesús Paúl, buscando la anulación del Laudo Arbitral de París.
Cita Donís[1] lo siguiente:
“…No obstante, la injusticia del Laudo de 1899 vino a tener expresión oficial en 1903 cuando los abogados venezolanos lo denunciaron en el seno de la Corte Internacional La Haya…”
La Comisión a La Haya de 1903 fue una iniciativa del gobierno venezolano encabezado por el presidente Cipriano Castro para buscar la anulación del Laudo Arbitral de París de 1899, que había otorgado a Gran Bretaña la mayor parte del territorio en disputa en la Guayana Esequiba. La misma estuvo integrada por:
- José de Jesús Paúl, abogado y diplomático, quien actuó como presidente de la Comisión.
- José Antonio de Sucre, abogado y político.
- Manuel Clemente Urbaneja, abogado y diplomático.
- Alejandro Urbaneja, abogado y diplomático.
- Francisco de Paula Álamo, abogado y político.
Los argumentos de la Comisión se basaban en dos puntos principales:
- El Tribunal Arbitral de París había excedido su jurisdicción al otorgar a Gran Bretaña territorio que no estaba en disputa.
- El Tribunal Arbitral de París había cometido errores de derecho al interpretar el Tratado de Arbitraje de Washington.
La denuncia alegaba que el laudo era nulo por las siguientes razones:
- El tribunal arbitral no era competente para dirimir la controversia.
- Los árbitros no actuaron de manera imparcial.
- Reino Unido presentó pruebas falsas y manipuladas.
- Venezuela no tuvo la oportunidad de defenderse adecuadamente.
La Corte de La Haya se pronunció sobre el caso en 1904. En su decisión, la Corte se limitó a declarar que no tenía jurisdicción para revisar la decisión del Tribunal Arbitral de París. La decisión de la Corte de La Haya fue un duro golpe para Venezuela. Sin embargo, la Comisión a La Haya logró poner de relieve las deficiencias del Laudo Arbitral de París y mantener viva la controversia sobre la Guayana Esequiba.
L. de la Chanonie en el número tercero del tomo III de la Revue d’Europe, obviamente mucho antes de la carta de Mallet-Prevost, decía lo siguiente[1]:
“…si la disputa, en vez de haberse planteado entre un pequeño Estado y una gran Potencia, hubiera enfrentado a Inglaterra, Rusia, Francia o Alemania, ¿habría terminado en tres días y con tanto desenfado, un conflicto que, en caso de necesidad, hallara en la fuerza su legítimo recurso? Pero Venezuela no tiene el poder marítimo y militar que permite hablar alto; no ha podido apoyar con las armas el rechazo de una decisión no tanto arbitral cuanto arbitraria, cuya injusticia resultaba notoria. El derecho internacional le abría el camino a una apelación platónica, herida de antemano de esterilidad. … Pero eso se calló…”
El Laudo no se basó en la justicia y en el derecho, todo obedecía a la pertinaz idea de De Martens por obtener unanimidad en la decisión.
El Tratado de Washington de 1897 y el Laudo de París de 1899, constituyen el engaño diplomático más bochornoso del siglo XIX.
JULIO ALBERTO PEÑA ACEVEDO
Caracas, 02 de octubre de 2024
[1] Rafael Badell Madrid, pruebas en la reclamación de Venezuela sobre el territorio Esequibo. Pag.27, cita a Hermann González Oropeza y Pablo Ojer Celigueta, ob. cit., pp. 50-51.
[1] Manuel Alberto Donís Ríos. El Esequibo una reclamación histórica. UCAB, Montalbán, Caracas, 2016, Pág.106


