SIR JULIAN PAUNCEFOTE EL ESEQUIBO Y EL CANAL DE PANAMÁ

Introducción

El Esequibo: cuando la historia ya está escrita y la sentencia está por escribirse

Durante más de cinco siglos, una extensa sucesión de documentos históricos, jurídicos y diplomáticos ha servido de fundamento a la posición venezolana sobre la Guayana Esequiba. Bulas pontificias, tratados, reales cédulas, instrumentos de delimitación, actos administrativos y documentos de soberanía forman parte de una larga cadena documental que Venezuela ha invocado para sostener que ese territorio perteneció a la Corona española y que, al producirse la Independencia, pasó a formar parte de la República de Venezuela conforme al principio del uti possidetis bolivariano.

Sin embargo, la historia de los pueblos no siempre se escribe únicamente con títulos, documentos y principios jurídicos. También se escribe con el poder de los imperios, con intereses económicos, con equilibrios geopolíticos y, en ocasiones, con decisiones adoptadas lejos del territorio cuya suerte se está decidiendo.

La controversia del Esequibo constituye uno de esos episodios.

Desde la ocupación británica de territorios al oeste del río Esequibo hasta el Tratado de Washington de 1897 y el posterior Laudo de París de 1899, se desarrolló una compleja trama diplomática en la que Venezuela, Gran Bretaña y los Estados Unidos actuaron dentro de un escenario mucho mayor que el de una simple disputa fronteriza. El propio proceso que condujo al arbitraje estuvo precedido por negociaciones anglo-estadounidenses sobre los términos esenciales del arreglo, mientras figuras como Sir Julian Pauncefote aparecían sucesivamente en los distintos escenarios diplomáticos de aquella época.

Y Pauncefote vuelve a aparecer.

Está presente en la negociación del Tratado de Washington; aparece en el contexto diplomático del arbitraje; participa en la Conferencia de La Haya; y, apenas concluido el Laudo de París, vuelve a sentarse frente a John Hay para negociar el nuevo régimen anglo-estadounidense sobre el Canal de Panamá. La coincidencia personal, temporal y diplomática no demuestra, por sí misma, la existencia de una conspiración ni de un quid pro quo entre el Esequibo y Panamá. Pero constituye una continuidad histórica demasiado significativa como para ser ignorada.

Esa es precisamente la razón por la cual, mientras la Corte Internacional de Justicia delibera sobre el fondo de la controversia, he querido volver la mirada hacia ese episodio oscuro de nuestra historia. No para sustituir la investigación documental por una acusación, ni para convertir una hipótesis en una verdad histórica, sino para preguntarnos si detrás de aquellos acontecimientos existió algo más que una sucesión de coincidencias diplomáticas.

Porque hoy, después de todo lo ocurrido, la historia ya está escrita; lo que está por escribirse es la sentencia.

La Corte Internacional de Justicia ha asumido el conocimiento de la controversia y, después de las audiencias celebradas en 2026, corresponde esperar su decisión. Desde la perspectiva venezolana, y a la luz de los argumentos que he desarrollado en trabajos anteriores, el problema jurídico presenta una paradoja singular: cualquiera que sea la formulación de la futura sentencia, la Corte deberá enfrentarse a la existencia histórica del Laudo de París de 1899 y, al mismo tiempo, al Acuerdo de Ginebra de 1966, instrumento que las propias partes suscribieron para procurar una solución de la controversia.

Es precisamente esa tensión la que hace que el momento actual sea excepcional.

Después de más de un siglo de controversia, ya no estamos ante la posibilidad de reescribir el pasado. El Laudo de París existe. El Acuerdo de Ginebra existe. La actuación de las partes durante décadas existe. La documentación diplomática existe. Y la CIJ está llamada ahora a pronunciarse sobre las consecuencias jurídicas de todo ese complejo legado histórico.

Pero mientras esperamos ese pronunciamiento, resulta legítimo volver a mirar hacia el origen. Volver a 1895, Volver a Washington, Volver a 1897, Volver a París en 1899 y Volver a La Haya, y seguir la trayectoria de un hombre que aparece, de manera inquietante, en varios de esos capítulos: Sir Julian Pauncefote.

No pretendo presentar aquí como hecho probado una conspiración anglo-estadounidense para despojar a Venezuela del Esequibo. La investigación realizada hasta ahora no permite sostener responsablemente semejante afirmación. Lo que sí permite establecer es una continuidad documental y personal entre la diplomacia que condujo al Tratado de Washington y al arbitraje de París, y la posterior transformación de las relaciones entre Gran Bretaña y los Estados Unidos que culminaría en los Tratados Hay-Pauncefote sobre el Canal de Panamá.

Por ello, la pregunta que guía estas páginas no será simplemente si existió una conspiración, será otra, quizá más incómoda y mucho más difícil de responder:

¿Formaron el arbitraje venezolano de 1897–1899 y la posterior negociación anglo-estadounidense sobre el Canal de Panamá parte de un mismo proceso histórico de reacomodo del poder británico y estadounidense en el hemisferio occidental?

Esa pregunta nos obliga a mirar el Esequibo desde una perspectiva diferente: no únicamente como una controversia territorial, sino como uno de los episodios de la transformación del equilibrio de poder en el hemisferio occidental entre finales del siglo XIX y comienzos del XX.

Y en el centro de esa trama aparece, una vez más, Pauncefote.

Un personaje que, visto desde Venezuela, adquiere una dimensión particularmente sombría. Un diplomático que estuvo demasiado cerca de demasiados acontecimientos decisivos. Un hombre que participó en la construcción del mecanismo arbitral que terminaría afectando nuestro territorio y que, pocos años después, negociaría con los Estados Unidos el nuevo régimen del Canal de Panamá.

Tal vez sean solamente coincidencias, tal vez exista una continuidad diplomática más profunda, tal vez los archivos permitan algún día responderlo.

Mientras tanto, la CIJ delibera. La historia espera. Venezuela también.

Hice una primera investigación específicamente sobre esa conexión y hay elementos históricos suficientes para justificar que la hipótesis sea estudiada seriamente, pero no encontré evidencia que permita afirmar, como hecho probado, que el Tratado Hay-Pauncefote de 1901 fuera parte de una conspiración o de un “pacto” para producir el Laudo de París de 1899.

Lo interesante es que la conexión puede ser mucho más sofisticada que una relación causal directa. Hay una continuidad de personas, intereses diplomáticos, negociaciones anglo-estadounidenses y reorganización del equilibrio de poder que merece ser reconstruida.

1. El primer dato que me parece extraordinariamente importante

Sir Julian Pauncefote aparece en los dos procesos.

No estamos hablando simplemente de una persona que casualmente tuvo participación en dos asuntos internacionales.

Pauncefote fue representante británico en la negociación del Tratado de Washington de 1897, que sometió a arbitraje la frontera Venezuela–Guayana Británica; figura central de la diplomacia británica en Washington durante la crisis venezolana; participante británico en la Primera Conferencia de La Haya de 1899; diplomático británico durante el propio proceso arbitral de París y posteriormente, junto con John Hay, negociador del tratado que sustituyó el Clayton-Bulwer y abrió el camino jurídico para la construcción estadounidense del Canal de Panamá.

El Tratado de Washington de 1897 fue firmado precisamente por José Andrade por Venezuela y Sir Julian Pauncefote por Gran Bretaña. (Wikisource)

Y el Hay-Pauncefote de 1901 fue firmado por John Hay y Pauncefote. (Oficina del Historiador). Es decir: El mismo diplomático británico que participó en la construcción del mecanismo arbitral que produjo el Laudo de París terminó negociando, apenas dos años después del Laudo, un acuerdo estratégico con Estados Unidos sobre el futuro Canal interoceánico. Esto, por sí solo, no demuestra una conspiración. Pero sí justifica investigar la continuidad diplomática.

2. La cuestión adquiere más importancia cuando se observa cómo nació el arbitraje de 1897

Aquí encontré algo que considero particularmente relevante para el conocimiento de todos los interesados en el tema. En los archivos diplomáticos estadounidenses aparece un documento de 12 de noviembre de 1896, anterior al Tratado de Washington, denominado: “Heads of proposed treaty between Venezuela and Great Britain for settlement of Venezuela boundary question as agreed upon between Great Britain and the United States.” Es decir, se trataba de los términos que Gran Bretaña y Estados Unidos habían acordado para un tratado destinado a resolver la controversia Venezuela–Guayana Británica. (Oficina del Historiador)

El documento fue negociado entre Richard Olney, Secretario de Estado estadounidense; Sir Julian Pauncefote, embajador británico y bajo la supervisión de Lord Salisbury. Esto es jurídicamente e históricamente interesante porque permite afirmar, con respaldo documental, que el marco esencial del arbitraje de 1897 fue previamente objeto de negociación anglo-estadounidense. Luego Venezuela entró formalmente en ese esquema mediante el Tratado de Washington. Esto no significa que Venezuela no haya sido parte del tratado. Lo fue. Pero sí permite formular una pregunta legítima:

¿Hasta qué punto el mecanismo arbitral de 1897 fue realmente diseñado como un acuerdo trilateral y hasta qué punto fue previamente estructurado por las dos grandes potencias que tenían capacidad efectiva para imponer las condiciones?

Al parecer, esta pregunta mucho más sólida que afirmar directamente que hubo un “fraude”.

3. Hay una frase de Pauncefote que merece ser investigada

La propia documentación presentada ante la CIJ recoge una declaración atribuida a Pauncefote en diciembre de 1896, según la cual la cuestión sería arbitrada “como si la controversia fuera entre la Gran Bretaña y los Estados Unidos”. La frase aparece actualmente en los materiales del caso Guyana c. Venezuela ante la CIJ, dentro de la exposición de la posición venezolana. (Corte Internacional de Justicia)

Esto es muy interesante, porque Venezuela era jurídicamente la parte territorialmente afectada, sin embargo, desde la perspectiva diplomática anglo-estadounidense, la crisis había adquirido una dimensión diferente: Estados Unidos había convertido la controversia venezolana en una cuestión relacionada con su propia concepción de la Doctrina Monroe y con la posición de Gran Bretaña en el hemisferio occidental.

De hecho, documentos oficiales estadounidenses de 1895 describen expresamente que Estados Unidos consideraba que estaban comprometidos tanto su honor como sus intereses. (Oficina del Historiador)

Ahí aparece una primera hipótesis de trabajo, la controversia del Esequibo pudo haber funcionado simultáneamente como un problema territorial venezolano-británico, una crisis anglo-estadounidense, y un episodio de redefinición del poder estadounidense en el hemisferio occidental. Esa tercera dimensión es fundamental.

4. El Laudo de 1899 no puede separarse de ese contexto

El Tribunal de París fue constituido conforme al Tratado de 1897, la estructura fue asi: dos árbitros vinculados a Estados Unidos; dos árbitros vinculados al Reino Unido; un quinto árbitro elegido por los cuatro. El quinto terminó siendo Friedrich Martens. El Tratado establecía además que el resultado sería considerado por las partes como un arreglo pleno, perfecto y definitivo. (Wikisource) Desde el punto de vista formal, el procedimiento tenía una estructura arbitral. Pero la cuestión que planteo es otra:

¿Debe analizarse solamente la legalidad formal del procedimiento o también el contexto diplomático y político en el cual fue construido?

Esa es una cuestión legítima de investigación histórica, y aquí aparece algo todavía más interesante.

5. Pauncefote no desaparece durante el arbitraje

Los materiales del propio proceso arbitral muestran la presencia de Pauncefote en el contexto diplomático de 1899. La exposición venezolana ante la CIJ sostiene que durante el verano de 1899 Pauncefote y Martens viajaban entre París y La Haya, mientras se desarrollaba la Primera Conferencia de La Haya. También se señala que Martens intervino en cuestiones relativas al carácter motivado de las decisiones arbitrales. (Corte Internacional de Justicia). Esto merece una investigación documental mucho más profunda, porque si queremos estudiar seriamente esta hipótesis, necesitamos construir una cronología Pauncefote–Salisbury–Martens–Olney–Hay que vaya desde 1895 hasta 1901. No simplemente una cronología del Esequibo.

6. Y aquí llegamos a 1901

El Tratado Hay-Pauncefote de 1901 tenía un objeto aparentemente distinto, el de facilitar la construcción de un canal interoceánico bajo los auspicios de Estados Unidos. El tratado sustituyó al Clayton-Bulwer de 1850 y esto es importantísimo, ya que el tratado Clayton-Bulwer había establecido una especie de compromiso anglo-estadounidense para que ninguna de las dos potencias obtuviera unilateralmente el control del futuro canal. El Hay-Pauncefote cambió radicalmente ese equilibrio. Estados Unidos obtuvo el derecho de construir y administrar el canal, mientras que Gran Bretaña aceptó un régimen basado en la neutralización del canal. (Oficina del Historiador). El nuevo tratado establecía además reglas inspiradas sustancialmente en la Convención de Constantinopla de 1888 sobre Suez, tales como la libertad de navegación; igualdad de trato; restricciones a actividades militares de los beligerantes; protección de las instalaciones del canal y neutralización de la vía. (Oficina del Historiador)

7. Aquí aparece una coincidencia histórica extraordinaria

El arbitraje del Esequibo ocurre:

1897 → Tratado de Washington

1899 → Laudo de París

Y casi inmediatamente después:

1900 → primer Hay-Pauncefote

1901 → segundo Hay-Pauncefote

Esto no demuestra que uno causara al otro, pero sí demuestra que estamos frente a un mismo período de transformación de las relaciones anglo-estadounidenses. Una investigación histórica publicada en Diplomacy & Statecraft concluye precisamente que la controversia venezolana de 1895–96 fue un momento significativo en la transformación de las relaciones entre Gran Bretaña y Estados Unidos y que Pauncefote tuvo un papel importante en las negociaciones que condujeron al arbitraje. (Taylor & Francis Online)

Y existe incluso un documento de época extraordinariamente revelador: una nominación al Premio Nobel de la Paz de 1901 para Pauncefote que enumera conjuntamente entre sus actuaciones, la controversia fronteriza venezolana; la cuestión del Canal de Panamá; los tratados Hay-Pauncefote y su participación en la Conferencia de La Haya. (Premio Nobel).

Es decir, los contemporáneos también percibían esas actuaciones como parte de la trayectoria diplomática del mismo personaje.

8. Pero hay una cuestión cronológica que debemos respetar

Aquí es donde debemos ser muy rigurosos, el primer Hay-Pauncefote fue firmado el 5 de febrero de 1900, y no en 1901, no consiguió la ratificación necesaria en su primera forma y posteriormente se negoció un nuevo tratado, firmado el 18 de noviembre de 1901, que fue ratificado el 16 de diciembre de ese año. (Oficina del Historiador) Por tanto, una investigación seria debería estudiar ambos Hay-Pauncefote:

Hay-Pauncefote I — 1900

Después del Laudo, pero antes de la versión definitiva.

Hay-Pauncefote II — 1901

Versión que finalmente sustituyó al Clayton-Bulwer.

Esto es importante porque permite preguntar:

¿Qué ocurrió diplomáticamente entre octubre de 1899 y febrero de 1900 que hizo posible este primer acuerdo?

Y luego:

¿Qué cambió entre febrero de 1900 y noviembre de 1901 para producir el tratado definitivo?

Ahí puede estar una parte importante de la historia.

9. ¿Existe evidencia de un “quid pro quo” Esequibo–Panamá?

Aquí mi conclusión provisional es mucho más cautelosa:

No encontré evidencia documental directa que permita afirmar que Gran Bretaña entregó o condicionó el Laudo de París a cambio de obtener algo de Estados Unidos en materia del Canal de Panamá, por tanto, sería incorrecto presentarlo como hecho, pero encontré algo diferente y, en mi opinión, más interesante jurídicamente y es que existe evidencia de que:

  1. La crisis venezolana contribuyó a redefinir las relaciones anglo-estadounidenses;
  2. Pauncefote fue uno de los principales actores británicos en esa transformación;
  3. El arbitraje venezolano fue estructurado previamente mediante conversaciones anglo-estadounidenses;
  4. El mismo Pauncefote participó en el proceso arbitral y en la diplomacia de La Haya;
  5. El mismo Pauncefote negoció después con John Hay el régimen del Canal;
  6. El Hay-Pauncefote de 1901 produjo una modificación fundamental del equilibrio anglo-estadounidense en Centroamérica;
  7. La neutralización del Canal se construyó precisamente sobre principios internacionales de navegación y neutralización.

Todo esto permite hablar de continuidad diplomática y estratégica, pero todavía, no de conspiración.

10. Hay otra pieza que me parece particularmente sugestiva

El Hay-Pauncefote no fue simplemente un tratado sobre construcción, el artículo III del tratado de 1901 adoptó como base de neutralización las reglas de Suez y el artículo IV estableció algo muy significativo, ningún cambio en la soberanía territorial o en las relaciones internacionales del país o países atravesados por el canal afectaría el principio general de neutralización. (Oficina del Historiador). Eso significa que el régimen de neutralización fue concebido como algo jurídicamente separado de la soberanía territorial.

Esto conecta directamente con una cuestión que venimos trabajando en investigaciones marítimas: soberanía territorial ≠ régimen internacional de utilización de un espacio y aquí el caso del Canal de Panamá puede tener una enorme utilidad metodológica para estudiar otros espacios marítimos estratégicos.

11. Pero hay una hipótesis aún más interesante que la de “conspiración”

Reformulando mi intuición.

En vez de investigar:

¿Fue el Hay-Pauncefote parte de una conspiración para producir el Laudo de París?

Sería mejor plantear lo siguiente:

¿Formaron el arbitraje venezolano de 1897–1899 y la posterior negociación anglo-estadounidense sobre el Canal de Panamá parte de un mismo proceso histórico de reacomodo del poder británico y estadounidense en el hemisferio occidental?

Esta pregunta es mucho más defendible académicamente y permite estudiar simultáneamente estos elementos: Esequibo → Doctrina Monroe → crisis anglo-estadounidense → arbitraje → Laudo → Conferencia de La Haya → Canal de Panamá → Hay-Pauncefote → nueva relación anglo-estadounidense.

Eso es bastante más profundo que buscar simplemente una conspiración.

12. Hay además un elemento venezolano que no debemos perder

El documento de 1896 muestra que Gran Bretaña inicialmente se resistía al arbitraje y que Estados Unidos ejerció una presión creciente, la correspondencia oficial británica reconoce que Estados Unidos estaba actuando como “amigo de Venezuela”. (Oficina del Historiador) y los documentos estadounidenses de la época muestran que Washington consideraba la controversia suficientemente importante como para involucrar su honor e intereses. (Oficina del Historiador), por tanto, la paradoja histórica es interesante, ya que Venezuela consiguió que Estados Unidos interviniera para presionar a Gran Bretaña hacia el arbitraje; pero el mecanismo arbitral finalmente quedó estructurado dentro de un marco negociado esencialmente entre las dos grandes potencias.

13. Lo anterior merece ser estudiado con detenimiento, yaque esto conecta directamente con mi tesis sobre el Laudo. Aquí creo que tenemos una línea de investigación muy prometedora. No necesitamos demostrar inicialmente que el Laudo fue “fabricado”, podemos estudiar tres niveles:

Nivel 1 — Hechos documentados

¿quién negoció el Tratado de Washington?; ¿qué instrucciones recibió Pauncefote?; ¿qué comunicaciones existieron entre Londres y Washington?; ¿qué papel tuvo Olney?; ¿qué ocurrió con Salisbury?; ¿qué comunicaciones existieron con Martens?; ¿qué ocurrió durante la Conferencia de La Haya?; ¿qué contactos existieron durante el arbitraje?; ¿qué sucedió inmediatamente después del Laudo?; ¿cómo comenzó la negociación Hay-Pauncefote?

Nivel 2 — Relaciones históricas demostrables

Determinar si existe una continuidad entre (para la época) la crisis venezolana → el acercamiento anglo-estadounidense → el arreglo arbitral → y Panamá.

Nivel 3 — Hipótesis

Sólo después podremos preguntarnos si existió una negociación paralela; una compensación diplomática; un entendimiento estratégico; un quid pro quo; o simplemente una convergencia de intereses. Y aquí debemos mantener una disciplina muy estricta: no convertir una coincidencia cronológica o personal en prueba de una conspiración.

14. Un punto que considero especialmente importante para tu investigación

Hay una fuente que merece ser explotada mucho más: los documentos originales del arbitraje de 1899 que ahora están digitalizados por la propia CIJ. El expediente comprende miles de páginas. La CIJ señala que las audiencias de 1899 tuvieron 54 sesiones entre el 15 de junio y el 27 de septiembre, y que el registro taquigráfico completo supera las 3.200 páginas. (Corte Internacional de Justicia). Eso abre una posibilidad extraordinaria. Podríamos hacer una búsqueda documental específica, dentro de todo el expediente arbitral, de Pauncefote; Salisbury; Olney; John Hay; Martens; Panama; canal; Hague; Monroe Doctrine y United States; no solamente para buscar las palabras, sino para poder reconstruir quién se comunicaba con quién, cuándo, sobre qué y en qué contexto.

15. Mi valoración provisional

Después de esta primera investigación, yo no descartaría que se trata de mi apreciación personal, pero tampoco la formularía todavía como una afirmación histórica y por tanto, la expresaría así: Existe una continuidad documental y personal entre la diplomacia que condujo al Tratado de Washington de 1897 y al arbitraje de París de 1899, y la posterior negociación anglo-estadounidense que culminó en los Tratados Hay-Pauncefote sobre el Canal de Panamá. Esta continuidad no demuestra por sí misma la existencia de un acuerdo secreto o de un quid pro quo entre la cuestión del Esequibo y la cuestión del canal, pero justifica investigar si ambos procesos formaron parte de un más amplio reordenamiento de las relaciones de poder entre Gran Bretaña y Estados Unidos en el hemisferio occidental.

Insisto en que esta formulación, además, es mucho más fuerte académicamente que afirmar de entrada que existió una conspiración.

Una línea de investigación que propondría

Creo que vale la pena hacer una segunda investigación mucho más profunda, casi como un expediente histórico-jurídico, bajo este título:

“Pauncefote, el Esequibo y Panamá: continuidad diplomática entre el Laudo de París de 1899 y el Tratado Hay-Pauncefote de 1901”

Y dividirla en seis expedientes:

ExpedienteQué investigar
I. Pauncefote y VenezuelaSus instrucciones, cartas y negociaciones 1895–1897
II. El Tratado de WashingtonCómo fue realmente construido el mecanismo arbitral
III. París 1899Pauncefote, Martens, Salisbury, Olney y las comunicaciones paralelas
IV. El período 1899–1900Qué ocurre inmediatamente después del Laudo y antes del primer Hay-Pauncefote
V. Hay-Pauncefote I y IINegociación, modificaciones, Senado estadounidense y ratificación
VI. Síntesis geopolíticaSi existe evidencia de convergencia, compensación, entendimiento o simple coincidencia de intereses

Le añadiría un séptimo expediente particularmente importante, como lo son, los archivos privados de Pauncefote y Salisbury, porque allí es donde, si realmente existió algún entendimiento reservado, tendría mayores posibilidades de aparecer.

La investigación puede terminar en tres resultados posibles —conexión documentada, conexión indirecta por contexto geopolítico o ausencia de evidencia de conexión— y cualquiera de los tres sería históricamente valioso. No necesitamos forzar una conclusión.

Lo que sí creo después de esta primera búsqueda es que hay suficiente material documental para justificar una investigación bastante más profunda, y que puede aportar una perspectiva novedosa a Cualquier trabajo de investigación histórica sobre el Esequibo.

JULIO ALBERTO PEÑA ACEVEDO

Caracas, 26 de septiembre de 2026

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