LOS JESUITAS EN LA GUAYANA


La presencia de los jesuitas en las Guayanas[1], fue multifacética y compleja, marcada por su compromiso con la evangelización y la educación, así como por los desafíos y conflictos que enfrentaron en su interacción con colonizadores y comunidades locales. Su legado continúa siendo relevante y se refleja en la diversidad cultural y religiosa de la región.

Los jesuitas desempeñaron un papel crucial en la evangelización de las poblaciones indígenas de las Guayanas. Establecieron misiones en áreas remotas, donde trabajaron para convertir a los indígenas al cristianismo, al tiempo que intentaban protegerlos de la explotación y el abuso por parte de colonizadores y comerciantes. Junto con su trabajo misionero, los jesuitas también se involucraron en la educación de las comunidades locales. Establecieron escuelas y centros de aprendizaje donde los indígenas y otros grupos sociales podían recibir formación académica y religiosa. La presencia jesuita en las Guayanas también tuvo un impacto en la cultura y la sociedad local. Introdujeron nuevas prácticas religiosas, rituales y celebraciones que se fusionaron con las tradiciones indígenas, dando lugar a una mezcla única de creencias y costumbres. los jesuitas trabajaron en gran medida para proteger y defender los derechos de los indígenas, también enfrentaron conflictos y tensiones con los colonizadores y otros grupos religiosos. Su presencia a menudo desafiaba los intereses económicos y políticos de las potencias coloniales, lo que llevó a enfrentamientos y disputas. A pesar de los desafíos y conflictos, el legado de los jesuitas en las Guayanas es notable. Su trabajo en la evangelización, la educación y la protección de los derechos de los indígenas ha dejado una marca indeleble en la historia y la cultura de la región.

Baralt[2] afirma que hasta mediados del 1700 todas las ciudades y establecimientos españoles en la región venezolana habían sido obra exclusiva de la fuerza, exceptuando a Cumaná dónde planteó primero sus banderas la religión cristiana, de allí el origen de los misioneros que establecieron sus colonias en las selvas de Guayana y en las llanuras que bañas por el mediodía el Orinoco en las montañas que la limita por el sexto en tirón en la tierra adentro en toda parte donde hubo o pudo abrirse un camino el valor y la constancia del apostolado religioso.

En 1576 los reverendos padres jesuita Ignacio Llaury y Julián de Vergara durante 3 años se dedicaron a la instrucción y doctrina de los indios y fundaron la primera Santo Tomás de Guayana, frente a la isla de Fajardo, más tarde llamada Puerto de Tablas. Estos fueron sucedidos por los padres catalanes, los cuales, al año 1702 fundaron 3 pueblos en Guayana. Permanecieron en Guayana, hasta 1687

En 1646, los jesuitas iniciaron gestiones para establecer una misión en Guayana, inspirados por la invitación del gobernador Don Martín de Mendoza a los padres Andrés Ignacio y Alonso Fernández. Aunque esta primera tentativa no prosperó, el gobernador halló un reemplazo en el jesuita francés Denis Mesland. Mesland, quien ya estaba misionando en la región del Guarapiche, aceptó la propuesta y, junto al padre Julián de Vergara, fundó probablemente en 1654 dos misiones: Nuestra Señora de Belén de los Totumos, posiblemente ubicada en el actual caserío Sabaneta del Municipio Piar, con poblaciones guayanas y pariagotos; y San Pedro de Mariguaca, cerca del río Upata (hoy Chirica Vieja), con indígenas aruacos.

En 1682, la misión de San Pedro de Mariguaca se trasladó a un lugar cercano y cambió su nombre a Montecalvario de Mariguaca, denominación que perduró en la historia de Guayana hasta los días previos a su independencia. Sin embargo, en 1700, Mesland y los jesuitas fueron llamados a Santa Fe, desapareciendo temporalmente de la narrativa histórica de Guayana[1].

En 1700: la Partida de Denis Mesland y los jesuitas de Guayana, llamados a Santa Fe, marca el final de su presencia activa en la región durante ese período.

MISIONES EVANGELICAS AL SUR DEL ORINOCO

“…Un hombre bueno, llamado Francisco. Rodríguez Leite, vecino de San Cristóbal de Cumanagotos, fue el primero á quien se ocurrió el bello pensamiento de unir el apostolado del Evangelio al de la civilización por medio de las misiones cristianas; y no bien lo hubo concebido cuando lo comunicó en 1648 a Don López de Haro, Obispo de Puerto Rico, el cual lo encontró digno de ser propuesto al Rey. La muerte del prelado retardó algún tanto la ejecución del filantrópico proyecto, a pesar de haberse declarado en favor de él su sucesor y muchas personas respetables de la corte; mas luego se vieron con general aplauso sus benéficas resultas en una cédula real que cuatro años después prohibió toda expedición militar contra los indígenas del país de Cumaná. Corridos ocho, llegó la primera misión compuesta de religiosos franciscanos, y sucesivamente se siguieron otras hasta el año de 1755 en que pisó el país la decimotercia y última de ellas.

La provincia escogida para teatro de sus primeros trabajos apostólicos, fue la de Barcelona, cuya reducción era tanto más importante, cuanto que ella debía abrir la comunicación terrestre con las comarcas occidentales de Venezuela; comunicación necesarísima que hasta entonces habían hecho impracticable los indios. En ella, pues, fundaron los padres observantes en menos de veinte años varios pueblos; unos que se llamaban de doctrina, y eran los que pagaban tributo como vasallos directos del monarca; otros que decían de misiones, cometidos en lo espiritual y temporal á los religiosos, con exclusión de toda otra autoridad y sin comunicación con los hombres de otras razas. Y no fue sin trabajo y peligros, pues a más de oponerse a su zelo la natural desidia e insubordinación de los indígenas catequizados, otros que eran independientes y feroces atacaban é incendiaban con frecuencia sus establecimientos. Dos veces lo hicieron así los Caribes a fines del siglo XVII y una en la primera mitad del XVIII. Religiosos hubo que sufrieron el martirio en esta ingrata tarea, y muchos de ellos de fatiga y penas murieron víctimas de su constancia, a los principios, santa, desinteresada y pura[2]…”

Los primeros misioneros quo entraron a la conversión de los indios de Guayana fueron los reverendos padres Jesuitas Ignacio Llaury y Julián de Vergara[3] por los años de 1576, y se conservaron tres años en la instrucción y doctrina de aquellos indios hasta el año de 1579 en que invadida la provincia por el capitán Janson, de nación holandesa, quedó en tan extrema necesidad que los más de los vecinos se retiraron a los llanos de Cumaná, éstos perecieron al rigor del hambre y de las plagas y entre ellos el Venerable Padre Llaury. El Padre Julian que quedó solo, de orden de su superior pasó á las misiones de Casanare, dejando una formal renuncia del derecho que pudiera tener a lo principiado.

Sucediéronles los Padres Catalanes hacia 1687 y en los quince años corridos hasta 1702, fundaron tres pueblos en Guayana sufriendo los mayores trabajos, y a costa de las vidas que rendían a las repetidas enfermedades de aquel tan mal sano, como desproveído terreno. (Caulin. Hist. lib. 1° cap.II.)

Luego que dejaron los dichos pueblos los misioneros, considerando lo poco que podían adelantar las reducciones en Guayana sin el abrigo de algunas familias de españoles, pues en dicho presidio no había más que doce y estas no podían faltar del Castillo, pidieron permiso al gobernador Don Felipe de Artieda para volverse á España, y habiéndoselo negado se embarcaron en una embarcación francesa de las muchas que andan en aquellas costas, en donde se condujeron para España y consiguieron de su Majestad (que Dios guarde) una real cédula para que trajesen treinta familias de Islas de Canarias y viniesen también doce religiosos para fomentar las misiones de Guayana

El año de 1717 en la flota de Serrano vino hasta Puerto Rico en compañía de una misión nuestra, esta misión de Guayana, y habiendo sido conducida á la isla de la Trinidad, el gobernador que de ella era Don Pedro de Yarza, viendo que los pueblos que habían quitado á los padres estaban perdidos, sin doctrina, y los indios en los montes, exhortó al padre Fray Raimundo de Villofranca, Prefecto que venía nombrado para que pusiese dos religiosos en ellos que procurasen atraer los indios que se habían huido a los montes; y habiéndose excusado dicho Prefecto diciendo que solo venia destinado con sus religiosos para las conversiones de los indios de la Guayana, dicho gobernador lo estrechó de tal suerte hasta cerrarle el puerto, que lo precisó á que quedasen dos religiosos administrando los pueblos de Guayria y Sabaneta, y en breve tiempo agregaron los indios que estaban dispersos en los montes. Estos autos, diligencias y exhortos pasaron el año de 1718, y de ella y con ellos so dio cuenta a su Majestad y al Reverendísimo padre Comisario general

Las treinta familias de Islas para fomentar las misiones de Guayana, llegaron este año con una real cédula de su Majestad para que os oficiales de la ciudad de Santa Fe, en el nuevo reino de Granada, entregasen cierta cantidad a los misioneros de Guayana para socorro de aquellas nuevas reducciones y fomento de las treinta familias de isleños que habían ido. Pasó a su cobranza de orden del Prefecto de aquellas misiones Fray Mariano de Seba, y al mismo tiempo paso en compañía del padre Fray Bartolomé de Son Miguel, el padre Fray Salvador de Cádiz, de orden de su Prefecto u la dicha ciudad de Santa Fe para percibir de sus oficiales de la Real Hacienda otra cantidad que su Majestad libraba ú estas misiones de Caracas. Hiciéronse de parte de unas y otras misiones las diligencias necesarias; y sin embargo de que el señor Don Antonio de la Pedrosa, consejero de Indias, que se hallaba con el gobierno y superintendencia de aquel reino por orden de su Majestad, hizo cuanto pudo por socorrer ambas necesidades, no pudo por no haber efectos en las reales cajas de Santa Fe, y haber otras urgencias más precisas como lo eran el reparo de las murallas de Cartagena. Y por último, nos despachó sin socorro alguno después de caminadas cerca de cuatrocientas leguas por tierra desde Caracas; y de la Guayana mayor número de leguas por el Orinoco, tierras y otros ríos. El dicho padre Fray Salvador de Cádiz se volvió por la Guayana para Caracas en compañía del padre Fray Mariano de Seba, у al llegar á la Guayana, y saber las familias de isleños que no les iba el socorro que Su Majestad les había ofrecido, no es ponderable los extremos que hicieron de sentimiento: levantáronse por último dichos isleños, y desamparando la Guayana por no poderse mantener en aquella desdicha sin socorro, los más se vinieron por tierra á esta provincia de Caracas, en donde aún hoy se mantienen algunos. Los religiosos que estaban atendiendo á los indios de las misiones del rio Caroní, a diez leguas de Guayana, con el abrigo de las familias de isleños, viéndose desamparados de ellos y amenazados de los caribes, con consulta del gobernador don Pedro de Yarza, desampararon el sitio y se retiraron unos a Guayana, otros a la Trinidad y los más se volvieron a España, viendo frustrados sus deseos y cerradas las puertas para la conversión de aquellos gentiles. Pues sin abrigos de españoles que los sostengan y guarden las espaldas, no se puede conseguir el fin principal de su reducción, así por su barbaridad como por su inconstancia.

De todo lo sobredicho se hallarán instrumentos que lo justifican en el archivo del Reverentísimo padre Comisario general, según los años citados.

Y omitiendo otros muchos ejemplares que constan de autos y prueban las tribulaciones y persecuciones que de varios modos han padecido, así estas misiones de Caracas, como otras: y los inconvenientes y daños irreparables que se originan de cualesquiera novedades que se intenten sin proceder la citación y audición de los misioneros, que sin más fin ni interés que el desnudo celo de la conversión de las almas en servicio de Dios y del Rey nuestro señor, se ocupan con incesante desvelo y tienen “prae manibus” y a la vista lo que conviene según la naturaleza y genio de los indios que administran: paso ahora a la presente. (Noticias de las Misiones de Capuchinos de Caracas, pág: 422y 423. Documentos para la Historia de la, vida pública del Libertador, publicados por disposición del General Guzman Blanco. Tomo 1°)

Por esta causa y la total falta de sustento, llego a estar careciendo de Ministros hasta 1724, en que volvieron los RR. PP. Capuchinos de Cataluña con cédula de S.M. para fundar en la misma Provincia de Guayana y tierras del Orinoco, como lo consiguieron, dando principio a los pueblos de Suai, Amaruca y Caroní[4]

En 1734 se reunieron en la ciudad y provincia de Guayana[5], donde se hallaba en visita el Gobernador de Cumaná Don Cárlos de Sucre, y con asistencia de éste, los tres Prelados de las comunidades de Padres observantes, Capuchinos y Jesuitas, asignaron los límites o líneas divisorias quo parecieron convenientes, en que cada comunidad ejerciese su apostólico Ministerio.

Los límites se fijaron así:

1. A los Padres Capuchinos se les señalo el terreno comprendido desde la costa del mar;(que corre desde la Boca grande de Orinoco, hasta las colonias de Esequivo) hasta la Angostura del Orinoco de E a O y por la parte de N.a S, el terreno que hubiese desde el Orinoco hasta el último término de la jurisdicción de la Provincia, por su respectivo meridiano.

2. A los Padres observantes les tocó la tierra que se dilata entre la dicha línea de la Angostura, y la que se considera desde la boca del rio Cuchivero, por su meridiano de Norte a Sur.

3. A los Padres Jesuitas correspondía el espacio que madia entre la línea de Cuchivero hasta confinar por el Oeste con el Nuevo Reino de Granada; si bien años después se destinó á los Capuchinos andaluces desde Maipures hasta la frontera del Brasil; y por su falta se encargó a los Padres observantes.

En armonía con esta división continuaron los Padres Capuchinos sus fundaciones que para 1779 constaban de 20 pueblos de indios, además de la villa de San Antonio de Upata, de españoles. (Caulín, libr. 1°, cap. 2°, Historia de la Nueva Andalucía).

EI Dr. Francisco Javier Yanes, en sus artículos o Memoria sobre la cuestión Barima, dice así, sobre ese particular.

Los Jesuitas tenían el terreno que hay, desde Cuchivero hasta los raudales de Atures y Maipures, siguiendo las márgenes del Orinoco, y de allí hasta el Amazonas, lindero meridional de la Provincia de Guayana.

Los misioneros observantes ocupaban en Rio Negro un espacio de más de 50 leguas.

Los capuchinos catalanes ocupaban el espacio que hay entre el Orinoco y el cabo Nassau, у entre el mar y. el rio Caroní extendiéndose de las orillas orientales de ésta y del Paragua hasta las orillas del Imataca, del Cumamu y del Cuyuni; al Sureste hasta la (Guayana holandesa o colonia Esequivo; y al Sur tocaban con las orillas desiertas del Paragua y Paraguarí, cruzando la cordillera de Pacaraima con las colonias portuguesas del Rio Branco.

Los Padres Jesuitas residentes en Carichana extendían sus dominios desde Cuchivero, todo el Alto Orinoco y Negro al Sur, confinando con el Brasil, y al Oeste con la Nueva Granada (Michelena y Rojas, Exploración y Oficial del Orinoco, pág. 277 y 278, cita das en la 315 de Negociación de límites.)

Había misiones sin duda, en el Bajo Orinoco, pero no es menos cierto que la mayor parte, la de los capuchinos andaluces, las de los Franciscanos observantes, y las de los Jesuitas, se hallaban en el Alto Orinoco y Rio Negro. No fueron menos de 43 las mencionadas por Centurión. [Negociación de límites, pág.44]

En su segunda entrada no tuvieron que luchar los padres con las grandes dificultades de penuria y de resistencias en que tropezaron sus predecesores, y que en otros parajes vencieron con heroica constancia, distintos misioneros; siendo por el tiempo de su arribo muy distintas las circunstancias en que se hallaban los naturales respecto de los conquistadores. No se pasó mucho tiempo antes de ver enteramente sometidas de buena voluntad a su obediencia algunas tribus importantes, por motivos muy extraños de su celo apostólico. Y fue el caso que, como dominasen en el Bajo Orinoco los Caribes y los Cabres, en el alto los Guaipunabis, en Rio-Negro los Manativitanos y Merepizanos, se hicieron entre si estas tribus crueles guerras para conquistar un dominio exclusivo sobre el país, y el derecho de vender a sus hermanos por esclavos. Los Cubres pelearon en 1720 con los Caribes y los derrotaron en las riberas del Caura. Huyendo los vencidos, perecieron a millares al pasar por entre los raudales del Torno y la isla del Infierno; quedando solamente vivo un caribe que los vencedores reservaron para que viese devorar á los prisioneros, y llevase después a su tribu esta noticia. El triunfo de Teb, jefe do los cabres, fue de corta duración, porque reunidos los caribes, cayeron sobre él en gran número, y destrozaron sus huestes y luego su pueblo, sin piedad, yendo las pobres reliquias que de su tribu quedaron a buscar asilo entre los Tamanacos, allá en el Cuchivero. Naciones bárbaras menos poderosas que los caribes, huyendo de estos, se fueron de paz a los conquistadores, para obtener amparo y protección; y cuando llegaron los misioneros, las hallaron dispuestas a recibir dócilmente su yugo, muy más suave que el de sus aliados.

Luego en 1756 una comisión científica, encargada de fijar los límites de las posesiones españolas de Guayana, se adelantó hasta la embocadura del Guaviare, después de haber pasado las grandes cataratas precisamente cuando los Guaipunabis y los Manativitanos se hacían una guerra a muerte en el alto Orinoco. Los primeros, gobernados por Cuserú, habían abrazado el partido de los misioneros y se decían defensores contra Cocui, que mandaba a los segundos, de los establecimientos cristianos de Atures y de Carichana. Pues sucedió que la llegada de la expedición de límites puso fin a estas contiendas con ventajas para los misioneros, porque el ingeniero geógrafo Don José Solano pudo hacer que desistiendo Cuserú de sus guerras y renunciando á su inquieta y desastrada independencia, de rey, que era pasase á ser alcalde de la nueva misión de San Fernando de Atabapo.

Esto en cuanto a las facilidades que hallaron los padres para hacer su predicación entre aquellos gentiles. Por lo que respecta a la manutención, proveyéronse de ella de un modo que hace honor a su prudencia; y fue el de enviar a Barcelona dos hermanos que, comprados o de limosna, consiguiesen algunas reses con qué formar un rebaño, pensando y con razón, hacer con ellos dos cosas buenas e importantes: una, ponerse a cubierto le la miseria que colocó a sus predecesores en el triste caso de abandonar la tierra, y otra introducir en las selvas de Guayana el beneficio de la ganadería. Después de muchos trabajos, volvieron los dos enviados, llevando cien cabezas de ganado mayor, (1728) con las cuales se formó efectivamente un rebaño que para fines del siglo ХVIII tenía sobre ciento y cincuenta mil reses. Riqueza considerable que fué origen de la importancia y poder que Iograron los misioneros capuchinos de Cataluña en el Caroní. (Baralt. Hist. Ant. págs.261 y 262.

Para el año de 1799, el estado de algunas misiones de la provincia de Guayana, a cargo de los capuchinos catalanes, según el que formó el Padre Prefecto Fr. Buenaventura de Sebadel, de orden del señor Gobernador de la provincia de Guayana Don José Felipe de Inciarte, era el siguiente[1];

Nombre de las misionesFecha fundaciónpoblación
Purísima Concepción de Nuestra Señora del Caroní.1724659
Nuestra Señora de los Ángeles del Yacuario.1730540
San José de Cupapui.1733886
San Francisco de Altagracia.1734946
Divina Pastora1737532
San Miguel del Palmar.1746714
Nuestra Señora del Monserrate del Miamo..1748839
San Fidel del Carapo.1751768
Santa Eulalia de Murucurí.1754572
San José de Leoniza de Aima.1755748
Nuestra Señora del Rosario de Guacipati.1757738
Santa Cruz del Calvario.1760426
Santa Ana de Puga.1760513
San Ramón de Caruachi1763403
San Antonio de Huisatanos.1765739
San Pablo del Cumano.1767458
Nuestra Señora de los Dolores de Puedpa.1769409
San Félix del Cantalicio de Tupuquen.1770567
San Pedro de las Bocas.1770514
San Buenaventura de Guri.1771679
San Miguel.1779487
Santa Clara.1779217
San Serafín.1779290
Santa Rosa de Cura.1782895
San Juan Bautista de Avechica.1783514
Santa Magdalena de Currucai.1783200
Ángel Custodio de Aicana.1785304
Nuestra señora de Belén de Tumeremo1788351

Las Cortes españolas decretaron en 1813.que se entregasen las misiones de Guayana al Ordinario eclesiástico, en virtud de los males que sufrían los habitantes así en lo moral como en lo político. (Baralt. Hist. aut. pág.264.)

Los Padres observantes intentaron desde-1732 extender la reducción de indígenas al Sur del Orinoco, y en efecto los Padres José Gumilla y Bernardo Rotella dieron principio á la fundación del pueblo de la Concepción del Uyapi, que desampararon perseguidos de los Caribes.

Firmes sin embargo aquellos en fundar, en la margen derecha del rio, lo pasaron algunos en 1752, y reconocieron los sitios del Puruei y del Caura, en solicitud de paraje a propósito para instalarse allí, y que no se determinaron por lo anegadizo de los terrenos.

En 1° de Mayo del año últimamente citado, arribó el Padre Matías, escoltado con gente de Güere y fundó la Encarnación del Divino Verbo, con la denominación de Muitaco, cuya administración dejó a cargo de otros religiosos.

A poco llegó el Padre Borrego al pueblo de Guaraipuro cuya fundación adelantó, formando en seguida en el sitio de Ťuropa el pueblo de Santa Clara.

No pocas dificultades hubieron de vencer estos misioneros para conservar sus asientos, que protegió con gran celo el Padre Matías, proveyéndolos de ganados y muchos víveres, y nuevos operarios venidos de España al intento en 1735, debiéndoseles las fundaciones de Zapaquin, Canabapana, Uyapi y San Francisco Solano. [Caulín, libro 1″, capitulo 2°, y libro 3°, capítulos 26,29,30 y 31. Hist. de la N. Audalucia.]

Los Padres Jesuitas penetraron en el Orinoco hacia 1733, y sucesivamente fundaron a la banda del Norte, los pueblos de Cabruta y San Borja; y a la del Sur, la Encaramada, Úrbana, Carichana, y Atures, compuestos de las naciones Cabres, Maipures, Guamos, Otomacos, Tamanacos, Salivas y Atures, sin contar algunos otros, que después de fundados fueron destruidos por invasiones de Caribes, y otras naciones en que dieron mucho en qué merecer al infatigable celo de aquellos apostólicos misioneros, y fieles operarios de la Viña del Señor. [Caulín, Historia citada libro 1°, capítulo 29]

El 20 de febrero de 1767 el rey Carlos III firmaba en El Pardo el Real Decreto de expulsión de la Compañía de Jesús de todos sus dominios 23 y el 2 de abril promulgaba la Pragmática sanción para el extrañamiento de los jesuitas de sus reinos, ocupación de sus temporalidades y prohibición de su restablecimiento[1]

En total fueron veintidós los misioneros a quienes se les aplicó la Pragmática Sanción: nueve pertenecientes a la Misión de Casanare; cinco al Meta y ocho al Orinoco. Por nacionalidades: nueve eran españoles, ocho neogranadinos, tres italianos, uno bávaro y uno alemán. De ellos: el P. Antonio Ayala no pudo seguir a los demás al destierro pues sus enfermedades le obligaron a permanecer en Pore[2] . El P. Francisco Riberos falleció en La Guayra mientras esperaba proseguir el viaje para el exilio[3]. De los dos alemanes no hemos podido seguir su trayectoria de expatriados. Con lo cual son dieciocho los misioneros que desembarcarían en Italia.

JULIO ALBERTO PEÑA ACEVEDO

Caracas, 12 de abril de 2024


[1] Misiones jesuíticas de la Orinoquia: entre la ilustración y la modernidad. José del Rey Fajardo, S.J. AGI, Caracas, 210. Texto íntegro, fols. 1r-3v.

[2] ANB, Conventos, t. 29, fol. 802.

[3] AHN, Jesuitas, 827/2. Filiación de los Regulares de la Compañía transferidos…, n.º 161: «… y por haber muerto el Superior [P. Riberos] fue nombrado Vice-Superior [el P. Gilij] en la Guayra». Como fuentes documentales inéditas, además de las ya citadas, véase: «Catálogo general del numero de regulares que de la extinguida orden llamada la Compañía de Jesús, existían en los Reynos de España e Indias al tiempo de la intimación del real decreto de expulsión, firmado por Don Juan Antonio de Archimbaud y Solana». En Archivo de la Provincia de Toledo (APT), Leg. 1.029. En ARSI existe otro ejemplar con anotaciones posteriores sobre las fechas de defunción. Es copia del original autenticado en 104 folios que reposa en Monumenta Histórica S.I. con la signatura: Armadio F. 10. El título: Relación individual de los Ex-Jesuitas muertos de las Once Provincias de España e Indias desde la expulsión hasta el día 30 de junio de 1777. Dispuesto de Orden del Consejo en el Extraordinario. Por Don Juan Antonio Archimbaud y Solano, Contador General de Temporalidades. ARSI, Historia Societatis, 53a. (Catálogo de los difuntos de esta época; la Provincia del Nuevo Reino aparece como Viceprovincia del Sagrado Corazón de Jesús). Para las vicisitudes vividas por los expulsos desde su salida de España hasta el lugar de destierro en los Estados Pontificios, véase: JOSÉ ANTONIO FERRER BENIMELI, «Córcega y los jesuitas españoles expulsos 1767-1768. Correspondencia diplomática», en: Paramillo, San Cristóbal, 14 (1995) 5-196; «La expulsión y extinción de los jesuitas según la correspondencia diplomática francesa 1770-1773», en: Paramillo, San Cristóbal, 17 (1998) 5-386; ENRIQUE GIMÉNEZ LÓPEZ (Edit.), Expulsión y exilio de los jesuitas españoles, Alicante, Publicaciones de la Universidad de Alicante, 1997.


[1] Documentos para la Historia de la vida pública del Libertador publicados por disposición del General Guzmán Blanco. Tomo 1° págs.460 á 469


[1] Documentos para la Historia de la vida pública del Libertador publicados por disposición del General Guzmán Blanco. Tomo 1° págs.460 á 469


[1] Los antecedentes poblacionales de la moderna Santo Tomé de Guayana: 1595 – 1961 Reinaldo José Rincón Chávez

[2] Cit. Baralt.-Hist. ant.-pág.259].[Vease Caulin,-Hist. citada, pág. 198.] El Derecho Internacional venezolano. Límites británicos de Guayana. MRE, 1981, PAG 252

[3] Fundaron estos Pudres la primera Santo Tomas de Guayana, frente a la isla de Fajardo, en el sitio que decimos hoy Puerto de Tablas

[4] En. 1733 ocurrió la desgracia del Ilustrísimo señor Don Nicolás Gervacio de Labrid, quien penetrando por la boca grande de Orinoco, llegó al rio Aguirre y murió con sus familiares a manos de los caribes. – (Véase a Caulín, lib. 3° capít. 26, Hist. Citada.

[5] Cronologìa del estado Bolìvar. Amèrico Fernàndez.

https://cronologiadelestadobolivar.blogspot.com/ Pacto de la Discordia. Los primeros en llegar a Guayana fueron los franciscanos, en la expedición del Capitán y Gobernador Antonio de Berrío a finales del siglo XVI. Luego, en 1671, arribaron los jesuitas y, en 1687, se establecieron los capuchinos catalanes. Cada orden tenía la misión de reunir a grupos indígenas en un pueblo, donde se encargaban de su gobierno, instrucción y «civilización». Para el sustento de estas comunidades, se fomentaban labranzas, hatos, forjas e ingenios azucareros. El Pacto de Concordia puso fin a las rencillas entre las misiones, permitiendo que cada orden se concentrara en su labor evangelizadora sin la sombra de los conflictos territoriales. Este acuerdo histórico marcó un hito en la historia de Guayana, sentando las bases para una convivencia más pacífica y una colaboración más efectiva en la noble tarea de la evangelización.


[1] Cuevas Quintero, L. M. (2019). La ilusión de poblar. Territorios, narrativas y mapas del Orinoco y la Guayana en la segunda mitad del siglo XVIII, los umbrales de una geografía humana del porvenir. Perspectiva Geográfica, 24(2), 84-106. doi: 10.19053/01233769.8997Se estima que los jesuitas poseían alrededor de 222 misiones solo en Hispanoamérica, ubicadas generalmente en zonas de indios hostiles a la penetración europea (Weber, 2007, p. 166; Merino & Newson, 1995). Los capuchinos, en el bajo Orinoco, fundaron más de 29 pueblos en un lapso de 46 años, entre 1724 y 1770 (Carrocera, 1979).

[2] Cit. Baralt. Hist. Ant. Pág.251. El Derecho Internacional venezolano. Límites británicos de Guayana. MRE, 1981, PAG 246


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