ANÁLISIS INTEGRADO Y EN CONTEXTO

Discurso del Presidente Donald Trump (03ENE2026) y Declaraciones de la Vicepresidenta de la República

I. Marco general del análisis

Los dos documentos analizados representan narrativas antagónicas sobre un mismo hecho estratégico: la activación de una fase abierta de coerción sobre Venezuela. No se trata de versiones contradictorias de un evento puntual, sino de expresiones coherentes de dos racionalidades de poder distintas, una racionalidad imperial-crematística, expresada por el discurso del presidente Trump y una racionalidad defensiva-soberana, expresada por las declaraciones de la Vicepresidenta.

El contraste entre ambos textos permite observar con claridad el desplazamiento del conflicto desde el plano jurídico-político hacia el plano transaccional, energético y de control territorial funcional.

II. El discurso de Trump: excepcionalidad, administración y transacción

El discurso de Trump no se articula como una declaración de guerra clásica ni como una intervención humanitaria, sino como una proclamación de administración excepcional de un espacio estratégico.

  1. Sustitución del derecho internacional por el derecho interno estadounidense

Trump justifica toda la operación bajo la ley penal estadounidense (indictments, fugitives, American justice), sin referencia vinculante al derecho internacional público. Esto confirma la tesis de la excepcionalidad soberana: el derecho internacional no se niega, simplemente se vuelve irrelevante frente al objetivo estratégico.

  1. Transición como administración, no como soberanía

La reiterada afirmación “we’re going to run it” revela que la transición no es entendida como restitución de soberanía venezolana, sino como una administración provisional externa orientada a resultados. La legitimidad política interna es sustituida por la funcionalidad operativa.

  1. Centralidad del petróleo como eje del conflicto

El petróleo aparece no como un recurso venezolano, sino como un activo estratégico previamente “construido” por Estados Unidos y, por tanto, reclamable. La lógica es crematística: inversión, control, reembolso y retorno. El conflicto no es ideológico ni jurídico; es energético y transaccional.

  1. Normalización del uso de la fuerza

La presencia militar (“boots on the ground”, flotilla permanente) se presenta como una condición técnica de estabilidad, no como una medida excepcional. La fuerza deja de ser un instrumento último y pasa a ser parte del entorno normal de administración.

III. Las declaraciones de la Vicepresidenta: defensa, legalidad y soberanía

El texto de la Vicepresidenta se inscribe en una lógica diametralmente opuesta: la reafirmación del Estado, del derecho internacional y de la soberanía como principios ordenadores.

  1. Reencuadre del evento como agresión militar

Mientras Trump habla de arresto y transición, la Vicepresidenta califica los hechos como agresión militar a gran escala, activando el Decreto de Conmoción Exterior. Esto busca reinsertar el conflicto en el marco clásico de seguridad colectiva y defensa del territorio.

  1. Reactivación del derecho internacional y de la ONU

El llamado al Consejo de Seguridad de la ONU intenta devolver el conflicto al terreno jurídico-multilateral, precisamente el terreno que el discurso de Trump considera superado o ineficaz.

  1. Movilización interna como respuesta política

La apelación a la unidad nacional y a la resistencia busca compensar la asimetría material con cohesión política interna, reafirmando la continuidad del Estado frente a la lógica de administración externa.

IV. Lectura doctrinal integrada

Tomados en conjunto, ambos documentos confirman varios elementos centrales de mis escritos, que indican lo siguiente; El conflicto no es primordialmente jurídico ni ideológico, sino crematístico y transaccional; la soberanía formal choca con una lógica de administración funcional basada en recursos estratégicos; la interdicción moderna ya no necesita bloquear formalmente: basta con asumir el control del sistema que hace viable la transacción; y la estabilidad, para el actor dominante, es preferible al cambio de régimen inmediato mientras la transacción esté abierta y controlada.

V. Consecuencia estratégica generalizada

De este contraste emerge una conclusión universalizable de que no habrá cambio de régimen mientras existan sanciones y recompensas operando como palancas transaccionales; Las sanciones no funcionan como castigo moral, sino como instrumentos de negociación; ientras el sistema permita administrar beneficios, flujos energéticos y estabilidad relativa, el cambio político profundo se posterga en favor de un orden funcional controlado.

VI. Conclusión

El discurso de Trump anuncia un modelo de dominación contemporánea basado en administración, energía y transacción. Las declaraciones de la Vicepresidenta representan la defensa clásica del Estado y del derecho. La tensión entre ambos no es coyuntural, sino estructural: derecho versus funcionalidad, soberanía versus administración, legalidad versus crematística. Comprender esta brecha no es un ejercicio retórico, sino una condición indispensable para diseñar respuestas estratégicas eficaces en el escenario actual.

JULIO ALBERTO PEÑA ACEVEDO

Caracas, 03 de enero de 2026

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Consultor marítimo-Portuario
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