LA CONTROVERSIA SOBRE LA GUAYANA ESEQUIBA PUDIERA HABER INGRESADO EN UNA FASE CUALITATIVAMENTE DISTINTA

PRÓLOGO / SINOPSIS GENERAL

Esta nueva fase en la que el formalismo jurídico, aislado de la realidad geopolítica, resulta insuficiente para explicar —y mucho menos para resolver— el conflicto. Lejos de tratarse exclusivamente de una disputa territorial heredada del siglo XIX, el Esequibo constituye hoy un nodo estratégico donde convergen soberanía, derecho del mar, explotación de recursos, poder corporativo, seguridad regional y realismo político.

La experiencia histórica venezolana demuestra que el derecho internacional, cuando se desvincula del equilibrio de poder, puede ser instrumentalizado para legitimar despojos, como ocurrió con el írrito Laudo Arbitral de París de 1899. Al mismo tiempo, ese mismo antecedente revela que los alineamientos internacionales no son estáticos: durante aquel proceso, Estados Unidos, históricamente, bajo la lógica original de la Doctrina Monroe, respaldó activamente la posición venezolana frente al expansionismo colonial europeo, actuando como garante hemisférico contra el despojo territorial. Sin embargo, tras el descubrimiento de yacimientos hidrocarburíferos en la Zona Económica Exclusiva (ZEE) de Guyana, Washington reorientó su política para apoyar los intereses de Georgetown y las corporaciones norteamericanas involucradas, consolidando un alineamiento estratégico con el desarrollo energético guyanés. No obstante, en el contexto actual, marcado por la reactivación pragmática de la Doctrina Monroe bajo la llamada lógica del “corolario Trump”, se abre una ventana para que la política estadounidense revierta ese apoyo y se incline a favor de los intereses venezolanos, no sólo como un acto de realismo geopolítico, sino como una forma de —bajo su óptica hegemónica e imperial— asegurar el control directo sobre los recursos petroleros, promover la estabilidad hemisférica y limitar la influencia de potencias rivales. Esta coyuntura estratégica ofrece a Venezuela una oportunidad para reposicionarse como actor clave en el tablero regional, aprovechando el contexto de cambios en la política norteamericana para fortalecer su soberanía efectiva sobre el Esequibo.

En el contexto contemporáneo, el posible renacer pragmático de dicha doctrina, reinterpretada bajo una lógica transaccional — a veces descrita como un “corolario Trump”— reintroduce la política como eje central del conflicto. La desconfianza hacia tribunales supranacionales, la priorización de la seguridad energética y la creciente tensión entre intereses estatales y corporativos han erosionado la idea de la Corte Internacional de Justicia como foro único, neutral e incuestionable.

Guyana, por su parte, ha adoptado una posición de rigidez soberana que, lejos de expresar fortaleza autónoma, revela una dependencia estructural de actores externos —particularmente corporaciones energéticas— y de una arquitectura jurídica que congela el statu quo. La explotación unilateral de recursos en áreas marítimas y submarinas en disputa constituye, en este sentido, una forma de ejercicio material de soberanía que agrava el diferendo y eleva los riesgos regionales.

Desde una perspectiva doctrinal, la controversia del Esequibo confirma una premisa fundamental: la soberanía no es una declaración histórica, sino una capacidad efectiva, que se expresa en control del espacio, presencia institucional, proyección marítima y coherencia estratégica. El derecho internacional sigue siendo una herramienta indispensable, pero no sustituye la necesidad de una política de Estado que articule poder, legitimidad y previsibilidad.

Este marco exige desplazar el eje del análisis desde la disputa bilateral hacia el sistema de intereses que sostiene el conflicto, comprender la lógica transaccional que rige las decisiones de los actores relevantes y asumir que toda solución duradera deberá integrar derecho, política y estrategia. Solo desde esa lectura integral es posible transformar una controversia heredada en una oportunidad histórica para reafirmar la soberanía venezolana de manera sostenible.

1. Contexto histórico real del Laudo Arbitral de París (1899)

El Laudo Arbitral de París de 3 de octubre de 1899 fue emitido por un tribunal arbitral compuesto por representantes de Venezuela y del Reino Unido, entre ellos figuras prominentes de la judicatura de Estados Unidos y Gran Bretaña. En ese momento, el ex-presidente estadounidense Benjamin Harrison estuvo entre los consejeros estadounidenses que participaron en el proceso. (Wikipedia)

El tribunal determinó una frontera que otorgó la mayor parte del territorio Esequibo al Reino Unido (hoy Guyana), aunque Venezuela considera que la decisión fue injusta, favorable a intereses coloniales y carente de motivación jurídica sólida. (Wikipedia)

Tras la publicación de un memorándum interno de su equipo (el llamado Mallet-Prevost Memorandum), Venezuela presentó protestas ante la ONU en 1962, lo que condujo al Acuerdo de Ginebra de 1966 para intentar resolver la controversia pacíficamente. (El País)

2. La polémica sobre soberanía y justicia internacional

Venezuela históricamente ha rechazado la validez del Laudo Arbitral de París por considerarlo un acto de “despojo colonial” facilitado por potencias como el Reino Unido y con participación de actores estadounidenses con perspectivas imperialistas de la época. Este rechazo ha sido reafirmado reiteradamente por el gobierno venezolano en las últimas décadas. (LaPatilla.com)

En el caso llevado por Guyana ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ), la Corte ha concluido que tiene jurisdicción para examinar la validez del Laudo de 1899, a pesar de las objeciones venezolanas. (Corte Internacional de Justicia)

Venezuela, por su parte, considera que la CIJ no tiene jurisdicción porque el único instrumento jurídico válido para resolver la disputa sería el Acuerdo de Ginebra de 1966, y no consintió someterse a la competencia de la CIJ. (Tribuna Orinoco)

3. La Doctrina Monroe, su historia y su posible resurgimiento

La Doctrina Monroe (1823) fue inicialmente un principio de política exterior estadounidense para oponerse al expansionismo europeo en las Américas. En múltiples momentos históricos, Washington lo utilizó también para justificar intervenciones e influencias políticas en la región.

Si bien en el siglo XIX y principios del XX esa doctrina a veces dio lugar a acciones que favorecieron política estadounidense (incluyendo apoyo indirecto a posiciones venezolanas frente a potencias europeas), es erróneo afirmar que en todos los casos esa doctrina actuó consistentemente a favor de Venezuela. (Wikipedia)

En el caso del Laudo de 1899, aunque algunas voces estadounidenses defendieron posiciones más equitativas, lo cierto es que el resultado favoreció a intereses coloniales —y no existe consenso académico de que EEUU actuara entonces con base en un dogma monroísta de solidaridad con Venezuela.

4. Posición estadounidense actual sobre petróleo y soberanía venezolana

La información disponible no sugiere que Estados Unidos tenga una política oficial de “comercializar” ilegalmente petróleo venezolano como política establecida ni hay respaldo formal de esa estrategia en la ley estadounidense o el derecho internacional. Lo que circula en redes sociales sobre entrega de barriles o control de recursos proviene de interpretaciones políticas de declaraciones de actores estadounidenses y no de fuentes oficiales verificadas. (Ese tipo de alegatos suelen difundirse en plataformas como Reddit, pero no constituyen declaraciones institucionales verificadas). (Reddit)

ExxonMobil y otras petroleras sí han obtenido concesiones en aguas que Guyana administra dentro de lo que considera su Zona Económica Exclusiva (ZEE) —lo cual Venezuela discute por la validez del Laudo Arbitral y la falta de acuerdo de jurisdicción—, pero esto es un asunto del conflicto Esequibo y no una acción unilateral estadounidense con base en nueva doctrina económica. (El País)

5. Sobre la CIJ y la jurisdicción en el caso Esequibo

La CIJ ha confirmado su jurisdicción para considerar la validez del Laudo Arbitral de 1899, postura que Venezuela rechaza porque, según su doctrina histórica, esa jurisdicción no fue consentida y el único marco válido de solución es el Acuerdo de Ginebra de 1966. (Corte Internacional de Justicia)

La negativa de Venezuela a aceptar la jurisdicción de la CIJ se enmarca dentro de una estrategia legal e histórica —respaldada por amplios sectores del país y referendada por consulta popular— para no someter un contencioso territorial tan fundamental a una jurisdicción cuya competencia consideran impropia para este caso. (Tribuna Orinoco)

6. Análisis estratégico de la coyuntura actual y posibles conclusiones

A) Narrativa histórica

La historia del Laudo de París y la Doctrina Monroe no deben instrumentalizarse de forma simplista: sí hubo participación estadounidense (incluyendo defensores de Venezuela como Harrison), pero ello no implica que Washington actuara consistentemente en favor de Caracas en todos los momentos históricos. El episodio de 1899 debe interpretarse en su contexto histórico y no como una especie de “precedente jurídico vinculante” para la política del siglo XXI. (Wikipedia)

B) Sobre la llamada “Doctrina o corolario Trump”

La idea de un “corolario Trump” a la Doctrina Monroe —si se entiende como intención de subordinar la soberanía venezolana a intereses geopolíticos y de recursos— no es una doctrina explícita vinculada a Estados Unidos ni se ha formalizado como política internacional reconocida. Es más, una interpretación política de tendencias que una normativa o doctrina oficial.

C) ExxonMobil y recursos energéticos

La extracción petrolera por ExxonMobil en aguas alrededor de la zona en disputa refleja una realidad del conflicto Esequibo: hay actividad de empresas energéticas en áreas que Venezuela considera propias, lo cual complica la disputa territorial. Este tipo de desarrollo se usa políticamente para criticar la posición de Guyana y de empresas extranjeras, pero no sustituye la necesidad de una resolución pacífica y consensuada entre las partes. (El País)

D) Posibilidades de apoyo norteamericano hacia Venezuela

Para que una estrategia venezolana logre apoyos significativos dentro de Estados Unidos, podría considerarse:

  1. Promover argumentos basados en la equidad histórica y jurídica, resaltando cómo un arbitraje no motivado (como el de 1899) fue perjudicial para la paz regional.
  2. Apelar a sectores académicos, think tanks y grupos de opinión pública en EE.UU. que valoren el respeto al derecho internacional, la resolución pacífica de disputas y el rechazo a intervenciones unilaterales.
  3. Diferenciar el reclamo del Esequibo de cualquier crítica actual al gobierno venezolano, enfocándose en mecanismos multilaterales y en foros internacionales neutrales (ONU, OEA, etc.).
  4. Subrayar la importancia del Acuerdo de Ginebra de 1966 como instrumento mutuo para la solución pacífica, reiterando la posición de buena fe de Caracas en ese marco.

Estas estrategias ayudarían a fortalecer una narrativa que evite la polarización y la percepción de antagonismo directo con EE.UU., buscando apoyo en sectores que favorezcan soluciones institucionales y pacíficas.

Primeras conclusiones

El Laudo de 1899 fue un arbitraje acordado entre partes, con participación estadounidense, pero su interpretación como “beneficio unilateral de Venezuela” no es históricamente consistente. (Wikipedia)

La Doctrina Monroe no impuso un apoyo claro y continuo a Venezuela; sí fue usada políticamente en distintas épocas para justificar acciones regionales de EE.UU.

En un giro explícito de la política estadounidense hacia Venezuela, la administración de Donald Trump ha anunciado públicamente su intención de controlar y comercializar el petróleo venezolano de manera continuada.

Venezuela mantiene una posición jurídica fuerte sobre la controversia del Esequibo y puede beneficiarse de narrativas basadas en derecho internacional y resolución pacífica.


ANÁLISIS ESTRATÉGICO

La coyuntura estadounidense, el Esequibo y la oportunidad de reequilibrio a favor de Venezuela

I. Introducción

La controversia territorial sobre la Guayana Esequiba no puede analizarse exclusivamente como un diferendo bilateral entre Venezuela y Guyana, ni como un expediente jurídico en curso ante la Corte Internacional de Justicia. Se trata, en realidad, de un nodo geopolítico, donde confluyen intereses históricos, energéticos, estratégicos y doctrinales de potencias extrarregionales, particularmente de los Estados Unidos de América.

La actual coyuntura política estadounidense —marcada por el retorno de una visión abiertamente transaccional de la política exterior, asociada al liderazgo de Donald Trump— pudiera abrir una ventana de oportunidad estratégica para reposicionar el reclamo venezolano desde una lógica que combine derecho internacional, realismo político y apelación a intereses estadounidenses divergentes.

II. Antecedente histórico clave:

Estados Unidos y el Laudo Arbitral de París (1899)

Durante el proceso arbitral que culminó en el Laudo de París de 1899, Venezuela estuvo representada y defendida con particular énfasis por juristas y personalidades estadounidenses, entre ellos el ex-presidente Benjamin Harrison, en un contexto donde Estados Unidos actuaba como contrapeso frente al expansionismo colonial británico.

Este dato histórico es central por tres razones estratégicas:

  1. Demuestra que el reclamo venezolano no fue históricamente marginal ni aislado, sino acompañado por sectores influyentes del pensamiento jurídico y político estadounidense.
  2. Inserta la controversia del Esequibo en la lógica original de la Doctrina Monroe, concebida como rechazo a la expansión colonial europea en el hemisferio occidental.
  3. Permite desmontar la narrativa de que Venezuela actúa hoy contra un “orden jurídico consolidado”, cuando en realidad cuestiona un laudo profundamente viciado, nacido en un contexto colonial y geopolíticamente condicionado.

III. De la Doctrina Monroe al posible “corolario Trump”

La Doctrina Monroe ha sido históricamente mutable. En su versión original, se orientaba a proteger a las repúblicas americanas frente a potencias extracontinentales. En sus reinterpretaciones posteriores, fue utilizada para justificar hegemonía y control indirecto.

En la coyuntura actual, emerge lo que puede denominarse —en términos analíticos— un “corolario Trump”, caracterizado por una política exterior abiertamente transaccional; la subordinación de principios jurídicos a intereses estratégicos inmediatos y el uso de sanciones, coerción económica y control de recursos como instrumentos centrales. Este enfoque, aunque problemático desde el derecho internacional, fractura el consenso tradicional estadounidense y genera tensiones internas entre el Estado profundo, las corporaciones energéticas tradicionales (como ExxonMobil) y sectores académicos, judiciales y políticos que defienden el multilateralismo. Ahí reside una oportunidad para Venezuela.

IV. Petróleo, ExxonMobil y la contradicción estratégica estadounidense

ExxonMobil explota hidrocarburos en áreas marítimas y submarinas vinculadas al territorio Esequibo, cuya soberanía se encuentra formalmente en controversia y sometida al Acuerdo de Ginebra de 1966.

Desde el punto de vista del derecho internacional la explotación unilateral de recursos en territorios en disputa contraviene el principio de no agravamiento del diferendo, dicha explotación compromete la buena fe exigida a las partes.

Desde el punto de vista geopolítico estadounidense, se configura una contradicción estratégica, por un lado, sectores del poder estadounidense toleran o respaldan la actuación de ExxonMobil, por otro, el propio Trump ha manifestado su desconfianza y descontento con ExxonMobil, así como su rechazo a la CIJ como instancia supranacional. Esto abre un flanco clave: Venezuela puede presentarse no como enemiga de EE. UU., sino como un actor que denuncia prácticas corporativas que contradicen incluso los intereses políticos declarados del liderazgo estadounidense actual.

V. La CIJ: punto de fricción, no de alineamiento automático

La no conformidad expresada por Trump hacia la CIJ converge, por razones distintas, con la posición histórica venezolana de no reconocimiento de su jurisdicción en el caso Esequibo.

Aquí existe un alineamiento táctico potencial, no ideológico, ya que Venezuela rechaza la CIJ por ausencia de consentimiento y violación del Acuerdo de Ginebra y Trump rechaza la CIJ por considerar que limita la soberanía y los intereses nacionales estadounidenses. Esta convergencia puede explotarse discursivamente para deslegitimar la pretensión de Guyana de presentar la CIJ como árbitro incuestionable; e insistir en mecanismos políticos y negociados, tal como establece el Acuerdo de Ginebra.

VI. Oportunidad estratégica para Venezuela

La coyuntura permite a Venezuela reformular su aproximación hacia sectores estadounidenses, sin renunciar a sus principios, Reactivando el vínculo histórico con la tradición jurídica estadounidense que cuestionó el colonialismo europeo, Separando el reclamo territorial del debate ideológico sobre el gobierno venezolano, enfocándolo como una causa de derecho y estabilidad hemisférica, Exponer la explotación petrolera en el Esequibo como un riesgo jurídico, político y reputacional para EE. UU., no como una ventaja y por último, apelando a  a la lógica de intereses de Trump, cuando subraya que la ExxonMobil no actúa en función del interés nacional estadounidense, la CIJ no ofrece garantías ni para Venezuela ni para EE. UU, lo cual implica que, una solución negociada favorece estabilidad energética y control estratégico.

VII. Conclusiones estratégicas

  1. El diferendo del Esequibo no está cerrado jurídica ni políticamente, y su reapertura histórica es legítima.
  2. La participación estadounidense en 1899 permite reconstruir un puente narrativo y jurídico hacia sectores de poder en EE. UU.
  3. El llamado “corolario Trump” debilita el frente corporativo-jurídico que hoy beneficia a Guyana y ExxonMobil.
  4. La coincidencia crítica frente a la CIJ crea un espacio de alineamiento táctico indirecto.
  5. Venezuela puede aprovechar esta coyuntura para inclinar la balanza, no mediante confrontación directa, sino mediante reposicionamiento estratégico inteligente.

VIII. Recomendación final

Venezuela debe actuar no como un Estado aislado que reclama, sino como un actor racional que ofrezca a Estados Unidos una salida coherente con su propia narrativa soberanista, desplazando a Guyana y a ExxonMobil como beneficiarios de un statu quo jurídicamente frágil y políticamente costoso.


I. CONCLUSIONES EJECUTIVAS

(Documento de Nivel estratégico)

1. Naturaleza del conflicto

El diferendo sobre la Guayana Esequiba no es exclusivamente jurídico, sino un conflicto geopolítico-energético donde convergen intereses corporativos, doctrinas de poder y disputas sobre soberanía hemisférica.

2. Oportunidad histórica con Estados Unidos

Existe un precedente histórico sólido de apoyo estadounidense a Venezuela durante el Laudo de París (1899), enmarcado en la Doctrina Monroe original, que puede ser reactivado como argumento de legitimidad histórica y hemisférica.

3. Emergencia de un “corolario Trump”

La política exterior de Donald Trump introduce una lógica transaccional, soberanista y anti-multilateral, que debilita la autoridad de la CIJ, el consenso jurídico internacional tradicional y la posición de corporaciones como ExxonMobil. Esto abre una ventana de alineamiento táctico, no ideológico, con intereses coyunturales estadounidenses.

4. ExxonMobil como punto de fractura

La explotación petrolera de ExxonMobil en áreas marítimas del Esequibo viola el principio de no agravamiento del diferendo, compromete la estabilidad regional y no necesariamente coincide con los intereses estratégicos del liderazgo político estadounidense actual. ExxonMobil pudiera o debe ser tratada como actor corporativo autónomo, no como representante del interés nacional de EE. UU.

5. CIJ: convergencia crítica

La posición venezolana de no reconocimiento de la jurisdicción de la CIJ, por ausencia de consentimiento, converge tácticamente con la visión de Trump sobre la ilegitimidad de tribunales supranacionales que limitan la soberanía estatal. Esto debilita el uso de la CIJ como instrumento político exclusivo de Guyana.

6. Riesgo para EE. UU. de mantener el statu quo

Persistir en la explotación unilateral del Esequibo implica para Estados Unidos, un riesgo jurídico futuro, altos costos reputacionales y una potencial inestabilidad energética regional. Venezuela pudiera reposicionarse como factor de orden y previsibilidad, no de ruptura.

7. Línea estratégica recomendada

Separar el reclamo territorial de la confrontación ideológica. Reposicionar el Esequibo como causa hemisférica anti-colonial inconclusa. Buscar con EE. UU. una salida negociada coherente con su propio discurso soberanista. Desplazar a Guyana y ExxonMobil como beneficiarios del statu quo actual.

Conclusión ejecutiva final

La coyuntura estadounidense permite a Venezuela inclinar la balanza estratégica si actúa con pragmatismo, coherencia jurídica y lectura realista del poder, transformando un conflicto heredado en una oportunidad de reequilibrio geopolítico.


PIEZA DOCTRINAL

Título

El Esequibo, la Doctrina Monroe y el Corolario Trump: soberanía, petróleo y el retorno del realismo hemisférico

Resumen

La controversia sobre la Guayana Esequiba ha sido abordada tradicionalmente desde una óptica jurídica formalista, centrada en el Laudo Arbitral de París de 1899 y, más recientemente, en la Corte Internacional de Justicia. Sin embargo, este enfoque resulta insuficiente para comprender la actual reconfiguración del conflicto, marcada por intereses energéticos, corporativos y doctrinales, particularmente de los Estados Unidos. Este artículo propone un análisis que vincula el origen histórico del apoyo estadounidense a Venezuela, la evolución de la Doctrina Monroe y el surgimiento de una política exterior estadounidense transaccional —denominada aquí “corolario Trump”— como factores que reabren el tablero estratégico del Esequibo.

1. El Laudo de París y la participación estadounidense

Lejos de ser un arbitraje neutral, el Laudo de París se produjo en un contexto colonial donde Venezuela fue defendida por juristas estadounidenses de alto nivel, incluido un ex-presidente de ese país. Este hecho revela que el reclamo venezolano estuvo originalmente inserto en una lógica hemisférica anti-imperial, no en una disputa marginal.

2. Doctrina Monroe: de principio defensivo a herramienta mutable

La Doctrina Monroe ha transitado desde una defensa de las jóvenes repúblicas americanas frente a Europa, hasta reinterpretaciones hegemónicas. Su plasticidad doctrinal permite hoy nuevas lecturas, especialmente cuando sectores del poder estadounidense cuestionan el multilateralismo jurídico.

3. El “corolario Trump” y el realismo transaccional

La visión de Trump rompe con el consenso liberal internacionalista, priorizando soberanía, control de recursos y posibles acuerdos bilaterales, este giro tensiona el papel de la CIJ y de corporaciones energéticas tradicionales, introduciendo fisuras aprovechables por actores estatales afectados por el orden vigente.

4. ExxonMobil y la explotación en territorio en disputa

La extracción de hidrocarburos en áreas marítimas del Esequibo constituye un caso paradigmático de corporativización del conflicto, donde una empresa privada se beneficia de una controversia no resuelta, agravando el diferendo y erosionando el derecho internacional.

5. La CIJ como escenario de disputa política

La insistencia en judicializar el conflicto ante la CIJ, sin consentimiento venezolano, refleja una instrumentalización del derecho internacional. Paradójicamente, esta práctica coincide con las críticas estadounidenses a los tribunales supranacionales, generando una convergencia crítica inesperada.

6. Conclusión doctrinal

El Esequibo no es solo un litigio territorial, sino un síntoma del choque entre legalismo formal y realismo geopolítico. En este contexto, Venezuela dispone de una oportunidad histórica para reposicionar su reclamo como una causa de soberanía hemisférica inconclusa, articulada con los propios dilemas doctrinales de Estados Unidos.


DIEZ DECISIONES ESTRATÉGICAS CONCRETAS

 (Guayana Esequiba – Coyuntura EE. UU. – Energía – Derecho Internacional)

1. Reposicionar el Esequibo como causa hemisférica, no ideológica

Determinar que el reclamo del Esequibo será presentado internacionalmente como una controversia anti-colonial inconclusa, separada de la confrontación ideológica con Estados Unidos, retomando el precedente histórico del apoyo estadounidense a Venezuela durante el Laudo de París.

2. Establecer un canal político discreto con sectores soberanistas de EE. UU.

Autorizar la apertura de canales informales y discretos con actores políticos, académicos y estratégicos estadounidenses afines al enfoque soberanista y crítico del multilateralismo jurídico, especialmente vinculados al entorno de Donald Trump.

3. Desacoplar a ExxonMobil de la narrativa de interés nacional estadounidense

Instruir que ExxonMobil sea tratada pública y diplomáticamente como actor corporativo autónomo, no como extensión del interés nacional de EE. UU., destacando los riesgos jurídicos y estratégicos que su actuación genera incluso para Washington.

4. Elevar la explotación en el Esequibo a “factor de inestabilidad regional”

Definir oficialmente la explotación unilateral de hidrocarburos en áreas marítimas en disputa como un riesgo para la estabilidad energética y de seguridad del Caribe, desplazando el debate del plano jurídico al estratégico.

5. Reafirmar el no reconocimiento de la jurisdicción de la CIJ como acto soberano

Ratificar, con narrativa coherente, que la no aceptación de la jurisdicción de la CIJ no implica rechazo del derecho internacional, sino defensa del principio de consentimiento soberano, alineado con críticas expresadas desde el propio liderazgo estadounidense.

6. Proponer un marco alternativo de negociación bilateral o hemisférica

Decidir la presentación de mecanismos alternativos de solución, fuera de la CIJ, tales como la negociación directa, mediación hemisférica, o fórmulas ad hoc, posicionando a Venezuela como actor dispuesto a resolver el diferendo sin imposiciones judiciales.

7. Integrar el Esequibo a la estrategia energética nacional

Ordenar la incorporación explícita del Esequibo dentro de la planificación energética y marítima nacional, reforzando la tesis de ejercicio efectivo de soberanía y previsión estratégica de largo plazo.

8. Utilizar la posición de Trump frente a tribunales internacionales como palanca

Aprovechar la desconfianza expresada por Trump hacia tribunales supranacionales para debilitar el relato de la CIJ como foro único e incuestionable, sin adoptar un discurso confrontacional directo.

9. Construir una narrativa de “orden y previsibilidad” para EE. UU.

Decidir que Venezuela se proyecte ante Estados Unidos como un factor de estabilidad regional, capaz de ofrecer acuerdos energéticos previsibles y jurídicamente sostenibles, frente al riesgo que representa la continuidad del statu quo impuesto por Guyana y ExxonMobil.

10. Designar una instancia permanente de coordinación estratégica del Esequibo

Formalizar una figura de coordinación estratégica permanente (Alta Comisión Presidencial para la Defensa de la Guayana Esequiba), con capacidad de articular diplomacia, energía, defensa y narrativa internacional, evitando dispersión institucional.


DECISIÓN FINAL DE CONJUNTO

Las siguientes diez decisiones permiten transformar una coyuntura adversa en una ventana de oportunidad estratégica, desplazando el eje del conflicto del legalismo impuesto, hacia el realismo político y energético, con potencial alineamiento táctico con intereses estadounidenses.

Objetivo: Aprovechar la coyuntura geopolítica derivada del reposicionamiento de EE. UU. (corolario Trump de la Doctrina Monroe) para inclinar el equilibrio estratégico del diferendo del Esequibo a favor de Venezuela, sin renunciar a principios de soberanía ni al marco histórico-jurídico nacional.

DECISIONES CLAVE

  1. Reencuadrar el Esequibo como causa hemisférica anti-colonial

Posicionar el reclamo venezolano no como conflicto ideológico, sino como controversia colonial inconclusa, retomando el precedente histórico del apoyo estadounidense a Venezuela durante el Laudo de París.

  • Separar el conflicto Esequibo de la confrontación política EE. UU.–Venezuela

Decidir que el Esequibo sea tratado como asunto estratégico autónomo, evitando su subordinación al diferendo político bilateral.

  • Abrir canales discretos con sectores soberanistas estadounidenses

Autorizar interlocución informal con actores políticos y estratégicos de EE. UU. críticos del multilateralismo judicial y afines a soluciones bilaterales o pragmáticas.

  • Desvincular a ExxonMobil del interés nacional de EE. UU.

Tratar a ExxonMobil como actor corporativo privado que compromete la estabilidad regional y expone a EE. UU. a riesgos jurídicos y geopolíticos.

  • Elevar la explotación en el Esequibo a riesgo de seguridad regional

Definir la explotación unilateral de recursos en áreas en disputa como factor de inestabilidad energética y de seguridad en el Caribe.

  • Reafirmar el no reconocimiento de la jurisdicción de la CIJ

Ratificar que la posición venezolana responde al principio de consentimiento soberano, coincidente con críticas expresadas desde sectores del liderazgo estadounidense.

  • Proponer mecanismos alternativos a la CIJ

Plantear negociación directa, mediación hemisférica o fórmulas ad hoc como vías legítimas y realistas para resolver el diferendo.

  • Integrar plenamente el Esequibo a la estrategia energética nacional

Incorporar el territorio y sus áreas marítimas a la planificación energética, marítima y de desarrollo de largo plazo.

  • Proyectar a Venezuela como factor de orden y previsibilidad

Ofrecer a EE. UU. un marco de estabilidad energética futura superior al statu quo impuesto por Guyana y ExxonMobil.

  1. Operacionalizar la coordinación estratégica permanente del Esequibo

Designar una instancia única de articulación política, energética, diplomática y comunicacional para evitar dispersión institucional (Alta Comisión Presidencial para la Defensa de la Guayana Esequiba).

MENSAJE CENTRAL

La coyuntura actual permite transformar una presión externa en una ventaja estratégica, desplazando el conflicto del plano jurídico impuesto hacia un realismo político-energético, con posibilidad de convergencias tácticas con intereses estadounidenses, sin renunciar a la soberanía ni al reclamo histórico.


DECLARACIONES DE GUYANA ANTE ACTUAL COYUNTURA[1]

Declaraciones y actitudes recientes del presidente de Guyana, Dr. Irfaan Ali, y las dinámicas internacionales:

1. Guyana reafirma sin ambigüedad su soberanía sobre el Esequibo

El presidente de Guyana ha declarado públicamente que no contempla una solución negociada con Venezuela que comprometa la integridad territorial de su país, incluso si Estados Unidos lo solicitara. Esto fue expresado con firmeza tras la captura de Nicolás Maduro, destacando que su prioridad es “la seguridad del pueblo guyanés y la integridad de nuestras fronteras”. (AlbertoNews – Periodismo sin censura)

Guyana ha reiterado históricamente que acepta el Laudo Arbitral de París de 1899 como base de la frontera y respalda que la controversia siga en manos de la Corte Internacional de Justicia (CIJ). (St Vincent Times)

Esto significa que no existe, por ahora, voluntad por parte de Georgetown de flexibilizar o someter a negociación bilateral el tema territorial, salvo cambios muy sustanciales en el equilibrio político o de poder.

2. Guyana ha consolidado apoyo internacional y un marco jurídico dominante

Guyana ha obtenido respaldo explícito de Estados Unidos y otras potencias para defender su soberanía frente a acciones venezolanas percibidas como provocaciones o amenazas a la integridad territorial. (Stabroek News)

Además, ha impulsado su caso ante la CIJ, que recientemente confirmó su competencia para examinar la validez del Laudo de 1899, decisión que Georgetown recibió como positiva. (St Vincent Times)

Este apoyo amplía el horizonte de respaldo internacional a Guyana y reduce, por ahora, el espacio de maniobra de Caracas para forzar un arreglo amistoso sin concesiones fuertes.

3. Guyana percibe riesgo real y reaccionan con firmeza política y militar

El discurso de Ali y documentos oficiales guyaneses enfatizan que cualquier concesión sería vista como una traición a la soberanía, y no solo una negociación territorial. (Department of Public Information, Guyana)

Guyana también ha elevado la narrativa de riesgo de seguridad regional a un tema central de su política interna y diplomática, asociándolo incluso con supuestas amenazas venezolanas e injerencia. (News Room Guyana)

Esto indica que las autoridades guyanesas no solo se oponen a negociaciones territoriales con concesiones, sino que incluso consideran la presencia de tensiones como motivo para fortalecer alianzas estratégicas.

4. Las declaraciones de Alí hacen ver que Guyana anticipa la posibilidad de una mediación estadounidense.

Aunque EE. UU. no ha pedido formalmente un arreglo bilateral, varios analistas internacionales especulan que la administración de Donald Trump podría estar interesada en un acuerdo entre Guyana y Venezuela que facilite el acceso a áreas ricas en petróleo tanto terrestres como marinas. (AlbertoNews – Periodismo sin censura)

Esta probabilidad no es solo una “intuición”: es una interpretación racional de la evolución geopolítica, ya que Trump ha criticado la jurisdicción de tribunales supranacionales como la CIJ, por otra parte, sectores del poder estadounidense destacan la importancia de estabilidad energética y por tanto un arreglo con Venezuela permitiría un acceso más directo a recursos sin tensiones judiciales prolongadas;

Guyana ha mostrado preocupación por “obstáculos” en acceso a zonas petroleras disputadas. Guyana no sería ingenua si percibe que existe un interés estadounidense en mediar o moldear un proceso que favorezca el acceso energético, incluso si eso implica presionar por soluciones negociadas.

5. Las condiciones guyanesas dificultan esa posibilidad

A pesar de la especulación sobre ese interés, Guyana ha rechazado explícitamente cualquier arreglo que ceda soberanía o modifique las fronteras existentes:

“Mi prioridad es la seguridad del pueblo guyanés y la integridad de nuestras fronteras… nada… se verá jamás comprometido” — Irfaan Ali. (AlbertoNews – Periodismo sin censura)

Además, Guyana insiste en la CIJ como foro legítimo, y ha expresado que cualquier negociación sobre soberanía queda fuera de discusión mientras el caso esté judicializado. (Guyana Standard)

Por tanto, aunque exista una percepción de interés estadounidense en una solución bilateral, el gobierno guyanés no dará espacio a gestores externos para flexibilizar su posición soberana, al menos en las condiciones actuales.

6. Interpretación geopolítica de la actitud guyanesa

La actitud firme de Ali puede entenderse como el resultado de varios factores:

A) Búsqueda de seguridad territorial consolidada

Guyana considera que una posición de firmeza —respaldada por Estados Unidos, la OEA, CARICOM y otros— reduce el riesgo de concesiones forzadas. (Department of Public Information, Guyana)

B) Fortalecimiento de alianzas internacionales

Su defensa pública de la soberanía ha generado respaldo de múltiples actores internacionales, lo que le da un mayor poder de negociación sin ceder frente a presiones externas. (Department of Public Information, Guyana)

C) Narrativa de legitimidad jurídica

Guyana está construyendo una narrativa que combina derecho internacional e integridad territorial innegociable, que busca invalidar cualquier argumento de negociación que implique concesiones. (Department of Public Information, Guyana)

7. Conclusión estratégica

Existe una percepción, en esa declaración de Alí —de que el gobierno guyanés intuye la probabilidad de una mediación estadounidense o de una presión para un arreglo bilateral— lo cual es razonable y fundamentada en motivos geopolíticos, aunque Guyana actualmente rechaza explícitamente tal posibilidad como inaceptable si implica alterar fronteras o soberanía. (AlbertoNews – Periodismo sin censura)

Esto implica que Venezuela (o su diplomacia) debería considerar que cualquier intento de negociación será fuertemente resistido por Georgetown, por lo que Estados Unidos podría encontrar resistencia diplomática significativa si intenta forzar un arreglo que Guyana no considera favorable. Cualquier iniciativa de “solución amistosa” requerirá de garantías externas muy claras para Georgetown: seguridad, inversión, respeto pleno del statu quo e inclusión de terceros de confianza regionales.

Sí, definitivamente la percepción de que Guyana anticipa una probabilidad de interés estadounidense en un arreglo negociado es tangible, pero también es cierto que, con la actual correlación de fuerzas y apoyos internacionales, Guyana no está dispuesta a aceptar un arreglo territorial flexible, incluso ante una sugerencia o presión estadounidense.

El enfoque es realista, no ingenuo: parte de asumir que Guyana no cederá voluntariamente, pero que sí puede quedar atrapada entre intereses mayores.


RESPUESTA ESTRATÉGICA DE VENEZUELA

ANTE LA POSTURA DE GUYANA Y LA PROBABLE MEDIACIÓN DE EE. UU.

I. Lectura estratégica de la posición de Guyana (punto de partida)

La postura de Irfaan Ali no es solo defensiva: es preventiva.

Guyana Intuye que EE. UU. podría, en algún momento, preferir un arreglo pragmático que facilite acceso energético. Busca cerrar anticipadamente cualquier margen de maniobra, declarando la soberanía como “no negociable”. Se blinda jurídicamente con la CIJ y políticamente con EE. UU., CARICOM y el Reino Unido. Depende estructuralmente de ExxonMobil y de la continuidad del statu quo.

Conclusión:

Guyana no habla desde fortaleza autónoma, sino desde dependencia estratégica. Su rigidez revela temor a perder control del proceso.

II. Venezuela debe evitar

Insistir exclusivamente en el formalismo jurídico, la retórica histórica, o la confrontación directa con Guyana. Ese camino refuerza la narrativa guyanesa de “amenaza venezolana” y solidifica apoyos externos a Georgetown.

III. Posible cambio de eje estratégico venezolano

Venezuela debe dejar de hablarle principalmente a Guyana y empezar a hablarle al sistema de intereses que sostiene a Guyana. Ese sistema tiene tres pilares; los Estados Unidos, las Corporaciones energéticas y Arquitectura jurídica internacional (CIJ)

IV. Estrategia en tres niveles (sincronizados)

NIVEL 1: Estados Unidos (actor decisivo real)

Objetivo

Convertir el Esequibo en un problema de costo estratégico para EE. UU., no en una disputa bilateral marginal.

Líneas de acción

  1. Reencuadre narrativo

Plantear a EE. UU. Que la rigidez guyanesa impide una solución pragmática, establece prolonga la incertidumbre jurídica, y obliga a EE. UU. a cargar con un conflicto heredado del colonialismo británico.

 “El statu quo beneficia a ExxonMobil, no necesariamente a Estados Unidos.”

  • Explotar la contradicción Trump–Exxon

Trump critica a los tribunales internacionales, rechaza el multilateralismo judicial, y ha manifestado distancia con ExxonMobil.

Venezuela debe no atacar, en este aspecto, a EE. UU, y sí aislar a ExxonMobil como actor disruptivo, sugerir que Guyana actúa más como protector corporativo que como socio soberano.

  • Ofrecer previsibilidad estratégica

Sin prometer concesiones territoriales: proyectar a Venezuela como actor capaz de ofrecer acuerdos energéticos más estables, frente a un litigio largo, costoso e incierto.

NIVEL 2: Guyana (presión indirecta, no frontal)

Objetivo

Reducir el margen político de Guyana sin confrontación directa.

Líneas de acción

  • Deslegitimar la “soberanía absoluta” como narrativa

No discutir fronteras directamente. Discutir: explotación unilateral en zona disputada, riesgos ambientales e inseguridad jurídica para inversiones futuras.

 “No es un área jurídicamente segura, cuando depende de un litigio no consentido”

  • Forzar a Guyana a explicar su negativa a negociar

Cada declaración de Ali debe ser reinterpretada como rechazo a soluciones pacíficas complementarias, no como defensa soberana, esto erosiona su imagen de actor razonable, sin atacar su soberanía.

NIVEL 3: CIJ y derecho internacional (desgaste inteligente)

Objetivo

Quitarle a la CIJ su carácter de “foro único y moralmente incuestionable”.

Líneas de acción

  • Separar legalidad de legitimidad

Aceptar el derecho internacional como sistema, rechazar la CIJ como imposición sin consentimiento. Esto: conecta con críticas estadounidenses, evita aislamiento diplomático, y debilita la narrativa guyanesa.

  • Promover vías paralelas

Sin abandonar la posición histórica: mediante la insistencia de una negociación directa, para mostrar disposición de resolver la controversia y  evidenciar rigidez de Guyana.

V. La intuición guyanesa: lectura final

La intuición es correcta y profunda:

Guyana reacciona como quien teme que el árbitro pueda cambiar. Si EE. UU. no tuviera capacidad o interés futuro de influir, Ali no habría sentido necesidad de declarar su línea roja públicamente. La anticipación pública es señal de inseguridad estratégica, no de confianza absoluta.

VI. Conclusión estratégica

Venezuela puede inclinar la balanza si logra que: EE. UU. perciba que Guyana es un socio rígido, que la ExxonMobil sea visto como generador de riesgo, la CIJ deje de ser vista como solución eficiente, y el statu quo se vuelva más costoso que una solución negociada.


PIEZA DOCTRINAL

GUAYANA ESEQUIBA, DOCTRINA MONROE Y REALISMO ESTRATÉGICO

ENTRE LA RIGIDEZ GUYANESA Y LA OPORTUNIDAD GEOPOLÍTICA

Introducción

La controversia territorial sobre la Guayana Esequiba atraviesa una fase de reconfiguración estratégica que trasciende el plano estrictamente jurídico. Las recientes posiciones del gobierno de Guyana, así como las señales contradictorias provenientes de los Estados Unidos bajo la lógica de un posible “corolario Trump” de la Doctrina Monroe, revelan que el diferendo ya no puede analizarse únicamente como una disputa bilateral ni como un expediente judicial ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ).

Nos encontramos ante un escenario donde la soberanía, la energía, el derecho internacional y el realismo geopolítico interactúan de manera tensa, generando riesgos, pero también oportunidades estratégicas para Venezuela.

I. El precedente histórico: Estados Unidos y Venezuela en el Laudo de París

Durante el proceso que condujo al Laudo Arbitral de París de 1899, Venezuela contó con una defensa jurídica robusta integrada por prestigiosos juristas estadounidenses, incluyendo a un expresidente de los Estados Unidos, Benjamin Harrison. En aquel momento histórico, la Doctrina Monroe funcionó como marco político que llevó a Washington a respaldar la posición venezolana frente al expansionismo colonial británico.

Este dato histórico es relevante no por nostalgia, sino porque demuestra que el apoyo estadounidense a Venezuela en el Esequibo no es históricamente anómalo, y que la controversia siempre estuvo imbricada en equilibrios de poder hemisféricos, no solo en debates jurídicos.

II. De la Doctrina Monroe al posible “corolario Trump”

En el contexto contemporáneo, diversas señales indican un posible renacer pragmático de la Doctrina Monroe bajo una lógica transaccional: rechazo al multilateralismo judicial, priorización de intereses estratégicos y énfasis en la seguridad energética.

Las manifestaciones de Donald Trump de desconfianza hacia tribunales internacionales, de intención de controlar flujos energéticos estratégicos, y de distanciamiento respecto a corporaciones como ExxonMobil, configuran un entorno donde la CIJ deja de ser incuestionable y donde los arreglos políticos vuelven a ganar centralidad. Esto no implica un apoyo automático a Venezuela, pero sí abre una ventana de oportunidad estratégica.

III. Guyana: rigidez soberana y dependencia estructural

Las recientes declaraciones del presidente guyanés, Irfaan Ali, descartando cualquier solución amistosa incluso ante una eventual solicitud estadounidense, deben interpretarse menos como expresión de fortaleza y más como respuesta preventiva.

Guyana depende estructuralmente de ExxonMobil para su viabilidad económica, ha anclado su legitimidad territorial en la CIJ, y ha internacionalizado el conflicto como mecanismo de protección. Esta rigidez revela una intuición estratégica: la posibilidad de que los intereses de EE. UU. no coincidan indefinidamente con los de Guyana.

IV. ExxonMobil y la explotación en áreas marítimas en disputa

La explotación de hidrocarburos en áreas marinas y submarinas vinculadas al territorio Esequibo constituye uno de los puntos más sensibles del conflicto. Estas actividades se desarrollan en un territorio cuyo estatus está en disputa, sin consentimiento de una de las partes, y bajo un proceso judicial cuya jurisdicción no ha sido aceptada por Venezuela.

Desde el punto de vista del derecho internacional clásico, esta situación debería implicar la abstención de explotación unilateral, pues agrava el diferendo y compromete la estabilidad regional. Aquí emerge una contradicción central: la corporación privada se beneficia del statu quo jurídico, mientras los Estados asumen los costos estratégicos.

V. La CIJ: legalidad sin consenso y legitimidad cuestionada

La insistencia en presentar a la CIJ como foro único y definitivo ignora un principio esencial del derecho internacional: la jurisdicción nace del consentimiento soberano.

La negativa venezolana a reconocer la competencia de la CIJ en este caso: no equivale a rechazo del derecho internacional, sino a la defensa de su carácter voluntario.

Esta posición converge, paradójicamente, con críticas formuladas desde sectores influyentes del liderazgo estadounidense, lo que debilita la narrativa guyanesa de superioridad moral y jurídica.

VI. El desplazamiento del eje: de Guyana al sistema de intereses

La estrategia venezolana no puede centrarse exclusivamente en persuadir a Guyana. El verdadero campo de disputa se encuentra en el sistema de intereses que sostiene la posición guyanesa, lo cual incluye a Estados Unidos como actor decisivo, a la ExxonMobil como beneficiario directo, y la CIJ como arquitectura jurídica funcional al statu quo.

Desplazar el eje del conflicto hacia este sistema permite: reducir el aislamiento diplomático, aumentar los costos del statu quo, y reintroducir la negociación como opción racional.

Conclusión

La controversia de la Guayana Esequiba ha entrado en una fase donde el derecho, sin política, resulta insuficiente, y donde la política, sin derecho, sería insostenible.

Venezuela no ganará este diferendo por la vía de la confrontación directa ni por el formalismo jurídico aislado. Su margen estratégico reside en reencuadrar el conflicto como problema hemisférico, evidenciar las contradicciones del statu quo, y aprovechar las fisuras entre intereses estatales y corporativos.

En ese espacio —entre la rigidez guyanesa y el realismo estratégico estadounidense— se abre una oportunidad histórica que exige lucidez, disciplina estratégica y coherencia doctrinal.


A continuación, presento una pieza doctrinal ajustada y alineada explícitamente con el corpus doctrinal previo, incorporando de manera orgánica los ejes conceptuales que se han desarrollado en trabajos previos sobre:

  1. Soberanía efectiva y no meramente declarativa,
  2. Derecho del mar como instrumento estratégico (no neutral),
  3. Interdicción marítima y control de espacios,
  4. Análisis transaccional del poder, y
  5. Realismo jurídico frente al formalismo internacional.

El texto mantiene coherencia de autoría, continuidad argumental y un tono reconocible para quienes conocen su producción intelectual.

GUAYANA ESEQUIBA, SOBERANÍA EFECTIVA Y REALISMO TRANSACCIONAL

UNA LECTURA DOCTRINAL DESDE EL DERECHO DEL MAR Y LA GEOPOLÍTICA CONTEMPORÁNEA**

Introducción

La controversia sobre la Guayana Esequiba no puede seguir siendo abordada como un litigio aislado ni como una disputa meramente histórica. Como se ha sostenido de forma reiterada en el análisis doctrinal venezolano contemporáneo, la soberanía no se preserva únicamente por proclamaciones jurídicas, sino por capacidad efectiva de control, proyección institucional y gestión estratégica del espacio.

En este sentido, el diferendo del Esequibo constituye un caso paradigmático donde confluyen derecho del mar, explotación de recursos, interdicción estratégica, jurisdicción disputada y poder transaccional, elementos que obligan a superar el legalismo clásico y adoptar una lectura integral.

I. El precedente del Laudo de París y la lógica de poder

El Laudo Arbitral de París de 1899, declarado nulo e írrito por Venezuela, no fue simplemente una decisión jurídica defectuosa, sino el resultado de una asimetría estructural de poder, donde el derecho fue instrumentalizado para consolidar un despojo territorial.

La activa participación de juristas estadounidenses —incluido el expresidente Benjamin Harrison— en la defensa venezolana demuestra que incluso entonces el conflicto era comprendido como parte de un equilibrio geopolítico hemisférico, coherente con la Doctrina Monroe como principio de contención del colonialismo europeo.

Desde una perspectiva doctrinal, este antecedente confirma que el derecho internacional opera dentro de relaciones de poder, y no en un vacío normativo neutral.

II. Del multilateralismo jurídico al realismo estratégico

Uno de los ejes constantes del análisis doctrinal venezolano ha sido la advertencia sobre los límites del multilateralismo judicial cuando se desvincula del consentimiento soberano y de la realidad geopolítica.

La actual judicialización forzada del Esequibo ante la Corte Internacional de Justicia reproduce ese problema a una jurisdicción no aceptada por una de las partes, a un proceso que congela el statu quo favorable a actores corporativos, y a una narrativa que pretende sustituir la política por la sentencia.

Desde esta óptica, la crítica venezolana a la CIJ no es negacionismo jurídico, sino defensa del principio fundacional del derecho internacional: la soberanía como fuente de jurisdicción.

III. El “corolario Trump” y el retorno del análisis transaccional

La posible reactivación pragmática de la Doctrina Monroe bajo una lógica transaccional —que algunos denominan “corolario Trump”— introduce un elemento central ya explorado en el análisis doctrinal venezolano: los Estados actúan por intereses, no por abstracciones jurídicas.

Las manifestaciones de desconfianza hacia tribunales internacionales, la priorización de la seguridad energética y el distanciamiento respecto a corporaciones específicas revelan que el orden jurídico internacional no es inmutable, sino funcional a correlaciones de poder cambiantes.

Este contexto confirma una tesis sostenida previamente:

Cuando el derecho deja de servir al interés estratégico, las potencias recurren a arreglos políticos directos.

IV. ExxonMobil, ZEE y soberanía marítima disputada

Desde el enfoque del derecho del mar estratégico, la explotación de hidrocarburos en áreas marinas y submarinas vinculadas al Esequibo constituye una violación al principio de no agravamiento del diferendo, ampliamente reconocido en la práctica internacional.

La actuación de ExxonMobil en zonas que Venezuela considera parte de su proyección marítima consolida hechos consumados, genera dependencia económica guyanesa, y reduce los incentivos para una solución negociada.

Como se ha señalado doctrinalmente, la explotación de recursos es una forma de ejercicio de soberanía material, aun cuando se disfrace de actividad privada.

V. Guyana: soberanía declarativa y dependencia estratégica

La posición del gobierno guyanés, presentada como defensa intransigente de la soberanía, encubre una realidad distinta, la de una soberanía funcionalmente tercerizada, dependiente de protección externa, respaldo judicial y capital corporativo. Desde el punto de vista doctrinal, esto configura una soberanía formal, pero no plena, lo que explica la rigidez discursiva y la negativa anticipada a cualquier mediación política. La intuición guyanesa sobre una eventual presión estadounidense no es paranoia, sino reconocimiento implícito de su posición subordinada dentro del sistema de intereses.

VI. Interdicción, control del espacio y soberanía efectiva

En coherencia con los análisis sobre interdicción marítima, el Esequibo debe entenderse como un espacio estratégico ampliado, donde el control —o su ausencia— tiene consecuencias jurídicas, políticas y económicas. La incapacidad de impedir explotaciones unilaterales en áreas disputadas erosiona la posición negociadora, fortalece narrativas adversas, y normaliza la pérdida progresiva de soberanía funcional. Por ello, la controversia no puede abordarse solo desde tribunales, sino desde políticas activas de control, presencia y articulación institucional.

Conclusión

La controversia de la Guayana Esequiba confirma una premisa central del corpus doctrinal venezolano contemporáneo:

El derecho internacional es una herramienta, no un sustituto de la estrategia.

Venezuela enfrenta un escenario donde la rigidez guyanesa es reflejo de dependencia, la CIJ opera como mecanismo de congelación favorable al statu quo, y los intereses energéticos redefinen prioridades hemisféricas.

Aprovechar esta coyuntura exige coherencia doctrinal, claridad estratégica y comprensión del poder como fenómeno transaccional. Solo así la soberanía dejará de ser una declaración histórica para convertirse en capacidad efectiva y sostenible.

JULIO ALBERTO PEÑA ACEVEDO

Caracas, 13 de enero de 2026

ANEXO A

PUNTOS CLAVE DEL DOCUMENTO, CONDENSADOS Y JERARQUIZADOS PARA FACILITAR SU USO ESTRATÉGICO, DOCTRINAL O EJECUTIVO:

  1. El conflicto del Esequibo ha entrado en una fase cualitativamente distinta

Ya no es solo un litigio jurídico-histórico, sino un nodo geopolítico donde convergen soberanía, energía, corporaciones, seguridad regional y realismo político.

  1. El formalismo jurídico es insuficiente sin poder y estrategia

El derecho internacional sigue siendo necesario, pero no sustituye la soberanía efectiva ni el control material del espacio terrestre y marítimo.

  1. El Laudo Arbitral de París (1899) fue producto de una asimetría de poder

No fue un arbitraje neutral, sino un acto condicionado por el contexto colonial; su ilegitimidad sigue siendo un argumento central del reclamo venezolano.

  1. Estados Unidos no es un actor históricamente ajeno al Esequibo

Juristas y figuras políticas estadounidenses defendieron a Venezuela en 1899, lo que inserta el reclamo en una lógica hemisférica y no marginal.

  1. La Doctrina Monroe es mutable y reaparece bajo una lógica transaccional

El llamado “corolario Trump” privilegia soberanía, control de recursos y acuerdos políticos por encima del multilateralismo judicial.

  1. La CIJ es un punto de fricción, no de alineamiento automático

Venezuela rechaza su jurisdicción por falta de consentimiento; esta postura converge tácticamente con críticas estadounidenses a tribunales supranacionales.

  1. Guyana ejerce una soberanía dependiente, no autónoma

Su rigidez política revela dependencia estructural de ExxonMobil, de la CIJ y del respaldo externo, más que fortaleza propia.

  1. ExxonMobil es un actor corporativo central del conflicto

La explotación petrolera en áreas marítimas en disputa agrava el diferendo, viola el principio de no agravamiento y beneficia a la corporación más que a EE. UU.

  1. La explotación de recursos equivale a ejercicio material de soberanía

Aún bajo forma privada, consolida hechos consumados y condiciona cualquier solución futura.

  1. El verdadero campo de disputa no es Guyana, sino el sistema de intereses que la sostiene

Estados Unidos, las corporaciones energéticas y la arquitectura jurídica internacional.

  1. Existe una ventana de oportunidad estratégica para Venezuela

Aprovechando las fisuras entre Trump, ExxonMobil, la CIJ y el consenso liberal internacional.

  1. La estrategia venezolana debe ser indirecta y no confrontacional

Separar el Esequibo de la confrontación ideológica EE. UU.–Venezuela y reposicionarlo como causa hemisférica inconclusa.

  1. Reposicionar a Venezuela como factor de orden y previsibilidad

Frente a un statu quo jurídicamente frágil, energéticamente riesgoso y políticamente costoso.

  1. Guyana anticipa una posible mediación estadounidense y se blinda preventivamente

Su discurso intransigente refleja temor a un cambio de árbitro, no confianza absoluta.

  1. La soberanía es una capacidad efectiva, no una proclamación

Se expresa en control del espacio, presencia institucional, proyección marítima y coherencia estratégica.

  1. El eje del conflicto debe desplazarse del legalismo al realismo estratégico

Integrando derecho, política, energía y poder en una sola arquitectura de Estado.

  1. Se recomienda una coordinación estratégica permanente del Esequibo

Para articular diplomacia, energía, defensa, narrativa internacional y toma de decisiones (Alta Comisión Presidencial para la Defensa de la Guayana Esequiba).

  1. Conclusión central

El Esequibo no se resolverá por sentencia ni por confrontación directa, sino por reposicionamiento estratégico inteligente en un entorno de poder cambiante.

ANEXO “B”

SÍNTESIS ESTRATÉGICA, REDACTADA PARA ALTO NIVEL POLÍTICO Y TOMA DE DECISIONES ESTRATÉGICAS, CON LENGUAJE DIRECTO, NO ACADÉMICO, Y FOCO EN IMPLICACIONES PRÁCTICAS.

1. Naturaleza real del conflicto

La controversia sobre la Guayana Esequiba ya no es un litigio jurídico bilateral, sino un conflicto geopolítico-energético donde confluyen soberanía territorial, explotación de hidrocarburos, corporaciones transnacionales, arquitectura jurídica internacional y el rol decisivo de Estados Unidos. El enfoque exclusivamente legal ha demostrado ser insuficiente y funcional al statu quo adverso a Venezuela.

2. Lección histórica central

El Laudo Arbitral de París de 1899 fue el resultado de una asimetría de poder en contexto colonial, no de un arbitraje neutral. Estados Unidos no fue ajeno al reclamo venezolano: figuras clave de su élite jurídica defendieron a Venezuela, en coherencia con la Doctrina Monroe original. Esto inserta históricamente el Esequibo en una lógica hemisférica, no marginal.

3. La Doctrina Monroe y el “corolario Trump”

La Doctrina Monroe es mutable. En la coyuntura actual, emerge una lógica transaccional asociada al liderazgo de Donald Trump: rechazo al multilateralismo judicial, énfasis en soberanía estatal, control directo de recursos estratégicos y acuerdos políticos por encima de sentencias. Esto debilita la centralidad de la CIJ y abre espacio a soluciones negociadas.

4. La CIJ: problema de legitimidad, no de derecho

La negativa venezolana a reconocer la jurisdicción de la CIJ no implica rechazo del derecho internacional, sino defensa del principio de consentimiento soberano. Esta posición converge tácticamente con críticas expresadas desde sectores del poder estadounidense, erosionando la narrativa de la CIJ como foro único e incuestionable.

5. ExxonMobil como actor disruptivo

La explotación petrolera en áreas marítimas del Esequibo constituye un ejercicio material de soberanía que agrava el diferendo y beneficia principalmente a una corporación privada. ExxonMobil no representa necesariamente el interés nacional de EE. UU. y genera riesgos jurídicos, reputacionales y estratégicos incluso para Washington.

6. Guyana: rigidez y dependencia

La postura intransigente de Guyana refleja dependencia estructural, no fortaleza autónoma. Georgetown depende del respaldo externo, de ExxonMobil y de la CIJ para sostener su posición. Su rechazo anticipado a cualquier mediación revela temor a un cambio en el equilibrio de poder, no confianza plena.

7. Campo real de disputa

Venezuela no debe concentrar su acción en persuadir a Guyana, sino en incidir sobre el sistema de intereses que la sostiene:

  1. Estados Unidos (actor decisivo real),
  2. corporaciones energéticas, y
  3. arquitectura jurídica internacional.

8. Oportunidad estratégica para Venezuela

La coyuntura permite reposicionar el Esequibo como:

  1. una causa hemisférica anti-colonial inconclusa,
  2. separada de la confrontación ideológica EE. UU.–Venezuela,
  3. y presentada como problema de costo estratégico para Estados Unidos si persiste el statu quo.

9. Línea de acción recomendada

  1. Desplazar el eje del conflicto del legalismo impuesto al realismo político-energético.
  2. Tratar a ExxonMobil como actor corporativo autónomo, no como extensión de EE. UU.
  3. Proponer mecanismos alternativos de solución fuera de la CIJ, sin confrontación directa.
  4. Proyectar a Venezuela como factor de orden, previsibilidad y estabilidad energética regional.

10. Conclusión ejecutiva

El Diferendo sobre el Esequibo no se resolverá por sentencia ni por confrontación frontal.

Existe una ventana de oportunidad estratégica para inclinar la balanza a favor de Venezuela si actúa con pragmatismo, coherencia jurídica y lectura realista del poder, integrando derecho, política, energía y soberanía efectiva en una sola estrategia de Estado.

ANEXO “C”

10 PUNTOS RESUMIDOS, PARA PRESENTACIÓN ANTE ALTAS AUTORIDADES: LENGUAJE DIRECTO, ALTO IMPACTO, SIN MATICES TÉCNICOS INNECESARIOS Y ORIENTADA A DECISIÓN.

  1. El Esequibo ya no es un litigio jurídico, es un conflicto geopolítico-energético

Derecho, petróleo, corporaciones y poder estadounidense definen hoy el terreno real del conflicto.

  1. El legalismo aislado favorece el statu quo adverso a Venezuela

Sin poder, presencia y estrategia, el derecho internacional se convierte en instrumento de despojo.

  1. El Laudo de 1899 fue un acto colonial, no un arbitraje neutral

Su origen viciado sigue siendo base legítima del reclamo venezolano.

  1. Estados Unidos tiene precedentes históricos de apoyo a Venezuela en el Esequibo

El reclamo no es marginal ni antiestadounidense: es hemisférico.

  1. La Doctrina Monroe reaparece bajo una lógica transaccional (“corolario Trump”)

Menos tribunales, más control de recursos y acuerdos políticos.

  1. La CIJ perdió centralidad como árbitro incuestionable

El rechazo venezolano converge tácticamente con críticas estadounidenses al multilateralismo judicial.

  1. ExxonMobil es el actor que más gana con el conflicto congelado

Su explotación en zona disputada agrava el diferendo y genera riesgos incluso para EE. UU.

  1. Guyana actúa desde dependencia, no desde fortaleza soberana

Su rigidez revela temor a un cambio en el equilibrio de poder.

  1. El verdadero campo de disputa es el sistema que sostiene a Guyana

Estados Unidos, corporaciones energéticas y arquitectura jurídica internacional.

  1. Existe una ventana estratégica para reposicionar el diferendo del Esequibo a favor de Venezuela

No por confrontación, sino por realismo político, estabilidad energética y negociación inteligente.

JULIO ALBERTO PEÑA ACEVEDO

Caracas, 17 de enero de 2026


[1] https://www.infobae.com/america/agencias/2026/01/11/guyana-descarta-un-acuerdo-en-disputa-fronteriza-con-venezuela-tras-la-captura-de-maduro/

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