CONTRA ANÁLISIS AL ARTÍCULO DEL 15 DE MARZO DE 2026 STABROEK NEWS

Publicado bajo el nombre de un “The story of our western frontier[1]”, en español: La historia de nuestra frontera occidental, el cual se resume así:

La historia de nuestra frontera occidental

Por Stabroek News

“El Esequibo es nuestro”, dicen los venezolanos. No solo los políticos, sino también todo intelectual, escolar, obrero y taxista al otro lado del Cuyuní está convencido de que así es. Todo esto resulta algo enigmático para el guyanés promedio. Los neerlandeses, por su parte, abandonaron definitivamente este país hace mucho tiempo, en 1803, pero su paso por estas tierras sigue indeleblemente inscrito en el paisaje.

Si se toma un minibús por la carretera costera del Esequibo, comenzando en Supenaam se pasarán lugares como Vilvoorden, Huis T’Dieren, Onderneeming, Zorg, Abrams Zuil, Zorg en Vlygt y Hoff Van Aurich. Estos se intercalan con muchos nombres posteriores de plantaciones inglesas como Golden Fleece y Dartmouth, así como con el del primer poblado de Esequibo, Anna Regina, que incluso posee un toque latino. Con la excepción del asentamiento de refugiados de Santa Rosa, ¿dónde está la nomenclatura que refleje una ocupación española?, podría preguntarse. La respuesta es: no existe.

Ejemplos de infraestructura neerlandesa siguen presentes en la forma de kokers (palabra neerlandesa), y aunque es poco probable que haya sobrevivido alguno de sus pequeños muelles originales, el nombre que los designaba —stellings— sigue en uso común. También está el arco de la primera instalación militar neerlandesa en Kyk-over-al, y los restos sustanciales de su fortificación en Fort Island, junto con el edificio intacto del Court of Policy allí. ¿Y dónde está la infraestructura equivalente española? No existe.

También están los pequeños elementos del patrimonio material, como las botellas que alguna vez contuvieron genever y otras bebidas apreciadas por los plantadores neerlandeses aficionados al alcohol. Junto con ellas, en el barro de la ribera o a lo largo de las orillas de los ríos, a veces pueden encontrarse fragmentos de cerámica Delft y objetos similares. ¿Y dónde están los artefactos españoles enterrados en la arcilla del Esequibo? No hay ninguno.

Los ocupantes de estas tierras a menudo marcaron su paso con algún memorial, y todavía es posible encontrar lápidas neerlandesas además de los cementerios del período británico. ¿Pero dónde están las tumbas españolas en Esequibo? No existen.

Entonces, ¿cuál es el origen de esta extraña fantasía que se ha apoderado de toda una nación, persuadiéndola de que es propietaria de tres quintas partes de la tierra de otro país, aun cuando sus antepasados nunca vivieron allí? La respuesta corta es que los políticos son en última instancia responsables, por haber adoctrinado a toda una población durante más de seis décadas.

Como todos en este país saben, la frontera entre nuestro territorio y el de nuestro vecino occidental fue finalmente establecida por un tribunal arbitral internacional en 1899. Pero después de aceptar el Laudo durante sesenta y tres años, el gobierno venezolano decidió que era inválido, alegando principalmente que era producto de un acuerdo fraudulento.

Todo esto es un disparate. Pero una ficción creada inicialmente por razones políticas en 1962 ha adquirido vida propia, y para cualquier administración en Caracas aceptar la verdad histórica en esta etapa implicaría una pérdida de prestigio inaceptable.

Los guyaneses no dudan de que el Esequibo es suyo, pero muchos quizá no conocen los detalles de cómo fue colonizado, por cuáles europeos; por qué se estableció un tribunal arbitral en 1899; cuáles fueron algunos de los argumentos considerados y qué ocurrió después.

Por ello Stabroek News ofrece aquí una visión general de esta larga y compleja historia, cuyos orígenes se remontan a finales del siglo XVI.

PERÍODO NEERLANDÉS

Los primeros intrusos europeos

Nadie ha disputado jamás que fueron navegantes españoles los primeros europeos que navegaron por esta costa, ni que un español fue el primer europeo en explorar parte de la región más amplia de Guayana, donde los pueblos indígenas habían vivido durante muchos siglos.

Ese español fue Antonio de Berrío, inspirado por el mito de El Dorado, quien contagió a Walter Ralegh con la misma obsesión.

Junto con su lugarteniente Domingo de Vera, realizó tres expediciones a finales del siglo XVI que recorrieron la cuenca del Orinoco y las estribaciones del Escudo Guayanés, una formación geológica que pudo incluir incursiones en la periferia de lo que hoy es Guyana. Fue de Vera quien tomó posesión de toda Guayana en nombre de España.

Berrío estableció el primer asentamiento europeo en la región, pero no estaba en Esequibo. Se encontraba en el bajo río Orinoco, Santo Tomé de Guayana, como se llamó, pudo haber sido fundado en diciembre de 1595.

Durante décadas fue un asentamiento muy frágil, que se movía arriba y abajo del río mientras sus gobernadores buscaban lugares más seguros frente a ataques de neerlandeses, ingleses, franceses y naciones indígenas como los caribes, que a veces combatían junto a los neerlandeses.

Los españoles también estaban en Trinidad, y toda la región —incluido el Orinoco— era tan insegura que un funcionario español dijo que por la noche había que dormir como una grulla, con un ojo abierto.

La última vez que se dice que los españoles entraron realmente en Esequibo fue en 1619, cuando los arawaks habían matado a seis españoles y el hijo de Berrío envió a Gerónimo de Grados a Barima, Esequibo y luego Berbice para someterlos y obtener provisiones.

Pero en su regreso desde Berbice a Esequibo, fue interceptado por seis barcos ingleses que lo capturaron. Los españoles nunca regresaron.

El argumento español y el argumento neerlandés

España consideraba que tenía derecho previo sobre Guayana por descubrimiento.
Venezuela, heredera de los territorios españoles, también insistió en que los españoles fueron los primeros europeos en llegar a Guayana y aplicó ese principio de derecho previo al Esequibo.

Según esta tesis, el derecho se confirmaba por ocupación física, es decir, por la fundación de Santo Tomé.

Los británicos, en cambio, argumentaron en 1899 que el criterio decisivo era la ocupación efectiva, y que España nunca ocupó realmente el Esequibo. Los primeros europeos en establecerse allí de forma permanente fueron los neerlandeses, no los españoles.

Gran Bretaña heredó sus derechos en Esequibo de los neerlandeses.

Los neerlandeses

Está claro que el primer asentamiento neerlandés estuvo en una isla del río Esequibo: Kykoveral. No se sabe con certeza la fecha exacta: algunos historiadores proponen 1616, otros 1623 aproximadamente. Lo que sí se sabe es que se convirtió en colonia de la Compañía Neerlandesa de las Indias Occidentales.

Esta compañía recibió una carta constitutiva en 1621, y administró la colonia —con algunas interrupciones— hasta 1791, cuando el Estado neerlandés asumió el control. Sabemos además por una carta de 1627 que los neerlandeses tenían al menos una plantación además del fuerte de Kykoveral. También existió otro asentamiento neerlandés en Amakura alrededor de 1637, aunque se sabe poco sobre él.

El Tratado de Münster (1648)

Los Países Bajos estaban entonces en guerra de independencia contra España en la llamada Guerra de los Ochenta Años. El conflicto terminó en 1648 con el Tratado de Münster. Este tratado fue muy debatido en el arbitraje de 1899. Venezuela argumentó que el tratado implicaba que los neerlandeses solo ocupaban territorio permitido por España, que supuestamente poseía todas las tierras al oeste del Esequibo.

Los británicos rechazaron esta interpretación. Argumentaron que, el tratado no establecía fronteras territoriales, que reconocía simplemente las posesiones existentes de ambas partes y que los neerlandeses estaban en Esequibo en igualdad de condiciones con España. Además sostuvieron que los neerlandeses ejercían control costero hasta el Orinoco.

Lo cierto es que España no tenía presencia alguna en Esequibo en 1648.
Solo tenía el puesto de Santo Tomé en el Orinoco.

Alianzas con los pueblos indígenas

Los neerlandeses establecieron alianzas con varios pueblos indígenas: Caribes, Arawaks, Waraos y Akawaios. Estos pueblos comerciaban con los neerlandeses alimentos y productos como canoas y hamacas a cambio de herramientas de hierro.

También producían achiote (annatto), utilizado para colorear el queso neerlandés. Los indígenas además colaboraban en labores militares y de seguridad. Los británicos argumentaron en 1899 que estos pueblos aceptaban la jurisdicción política y civil neerlandesa, lo que reforzaba su reclamo de soberanía.

Los caribes

Los caribes fueron uno de los pueblos más influyentes de la región durante los siglos XVII y XVIII. Se opusieron ferozmente a los españoles desde los primeros tiempos. Para ellos era vital que los neerlandeses permanecieran en la región, ya que su presencia servía como contrapeso frente al poder español. Además, los caribes actuaban como intermediarios comerciales distribuyendo productos de hierro neerlandeses por amplias áreas.

Misiones españolas

Cuando España finalmente intentó avanzar más allá del Orinoco en 1724, lo hizo mediante misiones católicas, especialmente de la orden capuchina. Estas misiones eran asentamientos militarizados. Los caribes del Esequibo las atacaban con frecuencia para impedir su expansión. Los capuchinos establecieron 48 misiones, pero muchas fueron abandonadas o destruidas. La más oriental fue fundada en 1788 en Tumeremo, en el lado venezolano del Cuyuní.

Conclusión histórica de este período

Durante todo este tiempo, los neerlandeses establecieron plantaciones, puestos militares y redes comerciales, mantuvieron alianzas políticas con pueblos indígenas y ejercieron control administrativo efectivo sobre el territorio. Los españoles, en cambio, nunca establecieron asentamientos, puestos militares ni infraestructura en lo que hoy es Guyana.



EL ARTÍCULO MANIPULA LA NARRATIVA HISTÓRICA

A continuación, se presenta un contra-análisis jurídico e histórico desde la perspectiva venezolana, orientado a identificar los puntos donde el artículo de Stabroek News construye una narrativa histórica selectiva para reforzar la tesis guyanesa sobre el Esequibo. El objetivo no es negar hechos históricos verificables, sino señalar cómo se interpretan y qué elementos se omiten, lo cual tiene relevancia en el debate jurídico internacional.

“The Story of Our Western Frontier”

1. La estrategia narrativa inicial: transformar una controversia jurídica en una “fantasía política”

El artículo comienza afirmando que la reclamación venezolana es una “extraña fantasía” producto del adoctrinamiento político.

Este encuadre retórico cumple una función clara: deslegitimar de entrada la posición venezolana, presentándola como irracional o propagandística. Sin embargo, el propio hecho de que la controversia esté actualmente ante la International Court of Justice demuestra que la disputa no es imaginaria, sino un diferendo territorial reconocido internacionalmente.

Además, la controversia está formalmente reconocida por el Acuerdo de Ginebra, instrumento que ambas partes aceptaron como marco jurídico para resolver la cuestión.

Por tanto, presentar el reclamo venezolano como simple “adoctrinamiento” ignora el reconocimiento jurídico internacional de la controversia.

2. El uso selectivo del argumento de “ocupación efectiva”

El artículo sostiene que España nunca ocupó el Esequibo y que el criterio decisivo sería la ocupación efectiva neerlandesa, este argumento simplifica un debate jurídico mucho más complejo, en el derecho internacional clásico coexistían varios títulos de soberanía, entre ellos el descubrimiento, la toma de posesión, la ocupación efectiva, la continuidad administrativa y la cesión o sucesión territorial.

España ejerció títulos iniciales claros, como lo fueron la exploración del territorio por Antonio de Berrío, la fundación de Santo Tomé de Guayana en el Orinoco y la jurisdicción colonial integrada en la Capitanía General de Venezuela

Desde la perspectiva venezolana, la controversia no gira únicamente sobre ocupación física del litoral, sino sobre el alcance territorial de la jurisdicción española heredada por Venezuela tras la independencia, conforme al principio latinoamericano del uti possidetis juris de 1810 (Bolivariano). El artículo omite completamente este principio, que es central en la posición venezolana.

3. Invisibilización del debate sobre el Laudo Arbitral de 1899

El artículo presenta el Laudo Arbitral de París de 1899 como una decisión definitiva aceptada durante décadas por Venezuela, esta afirmación omite un elemento crucial, el Memorándum de Mallet-Prevost. Este documento —publicado en 1949— reveló presuntas negociaciones políticas secretas entre los árbitros británicos y el presidente del tribunal. Ese memorándum fue precisamente el detonante que llevó a Venezuela a impugnar el laudo en United Nations en 1962. El artículo no menciona este hecho, que constituye uno de los pilares de la argumentación venezolana.

4. La falacia arqueológica: infraestructura colonial como prueba de soberanía

El texto intenta demostrar la legitimidad guyanesa mediante argumentos como; nombres de plantaciones neerlandesas, restos arquitectónicos y objetos arqueológicos. Desde el punto de vista jurídico, este tipo de evidencia no determina soberanía territorial. La jurisprudencia internacional ha dejado claro que la presencia económica o comercial no equivale necesariamente a soberanía estatal, muchos enclaves coloniales funcionaban como puestos comerciales dentro de territorios nominalmente pertenecientes a otra potencia. El artículo convierte evidencia cultural o económica en prueba de soberanía, lo cual constituye una extrapolación histórica discutible.

5. El Tratado de Münster reinterpretado

El artículo afirma que el Tratado de Münster no definía fronteras territoriales, esto es parcialmente correcto, pero omite el punto clave del debate, el hecho de que, si dicho tratado reconocía implícitamente los límites de las posesiones existentes. España sostenía que los neerlandeses solo podían conservar los asentamientos efectivamente ocupados, no extensiones territoriales indefinidas hacia el oeste. Este desacuerdo interpretativo fue precisamente uno de los ejes del arbitraje de 1899.

6. La construcción de un vacío español

El artículo insiste en una tesis central: España nunca estuvo en el Esequibo. Este planteamiento es problemático porque confunde presencia permanente con jurisdicción territorial. En el mundo colonial del siglo XVII, vastos territorios se consideraban parte de imperios, aun sin ocupación densa o permanente La Amazonía, la Patagonia o el interior norteamericano son ejemplos históricos de este tipo de soberanía difusa. La ausencia de ciudades españolas en el Esequibo no implica automáticamente ausencia de jurisdicción colonial española.

7. Omisión del contexto imperial británico

Otro elemento ausente es el papel de United Kingdom. Cuando Gran Bretaña heredó las colonias neerlandesas en 1814, comenzó una expansión progresiva hacia el oeste mediante la llamada Línea Schomburgk (Robert Hermann Schomburgk). Esta línea avanzó considerablemente más allá de las áreas originalmente ocupadas por los neerlandeses y generó las primeras protestas diplomáticas venezolanas en el siglo XIX. El artículo omite esta expansión británica, que es central en la narrativa venezolana del despojo territorial.

8. Reflexión

El artículo de Stabroek News no es simplemente una exposición histórica; es una pieza de narrativa guyanesa, que cumple tres objetivos estratégicos: Deslegitimar la reclamación venezolana presentándola como propaganda política, Reducir el debate jurídico a la ocupación colonial neerlandesa, ignorando otros títulos de soberanía y Omitir los elementos que cuestionan el Laudo de 1899, especialmente el Memorándum Mallet-Prevost y la expansión británica posterior.

Desde la perspectiva venezolana, la controversia del Esequibo no es una “fantasía histórica”, sino una disputa territorial compleja surgida de un arbitraje cuestionado en el contexto del imperialismo del siglo XIX, por ello, la cuestión sigue abierta en el marco del Acuerdo de Ginebra de 1966, cuyo propósito explícito es encontrar una solución práctica, pacífica y mutuamente satisfactoria.

El Esequibo y la guerra de las narrativas: historia, derecho y geopolítica

El artículo publicado por Stabroek News, titulado “The Story of Our Western Frontier”, no es simplemente una exposición histórica sobre el territorio al oeste del río Esequibo. Es, en realidad, una pieza de narrativa estratégica, diseñada para consolidar una visión nacional guyanesa del conflicto y presentar la reclamación venezolana como una anomalía histórica o, peor aún, como una ficción política.

Sin embargo, cuando se examina el texto desde la perspectiva del derecho internacional y de la historia colonial, se advierte que su argumento descansa sobre una selección parcial de hechos históricos y una interpretación reduccionista de los títulos de soberanía.

La controversia sobre la Guayana Esequiba no surge de una fantasía política ni de un nacionalismo tardío. Es una disputa territorial formalmente reconocida por la comunidad internacional y jurídicamente encuadrada en el Acuerdo de Ginebra, firmado entre Venezuela, el Reino Unido y la entonces Guayana Británica. Ese acuerdo no habría existido si el diferendo fuera imaginario; su propio texto reconoce que existe una controversia derivada del Laudo Arbitral de París de 1899, cuya validez fue cuestionada por Venezuela.

En este punto reside el primer problema del relato propuesto por Stabroek News, el cual pretende presentar el laudo de 1899 como una solución definitiva, ignorando el elemento que reabrió el debate histórico y jurídico en el siglo XX: el memorándum póstumo de Severo Mallet-Prevost.

Este documento reveló que el arbitraje pudo haber estado marcado por negociaciones políticas entre los árbitros británicos y el presidente del tribunal. La publicación de ese memorándum en 1949 condujo a Venezuela a llevar el caso ante las United Nations en 1962, lo que a su vez desembocó en el Acuerdo de Ginebra. Ignorar este episodio equivale a eliminar del relato el origen mismo de la controversia contemporánea.

Pero la narrativa del artículo no se limita a esta omisión. También intenta resolver la disputa histórica mediante un argumento aparentemente simple: España nunca ocupó el Esequibo; por lo tanto, los neerlandeses —y posteriormente Gran Bretaña— habrían adquirido la soberanía sobre ese territorio.

Este razonamiento, aunque atractivo en su simplicidad, no resiste un análisis serio del derecho internacional histórico. En la época colonial coexistían diversos títulos de soberanía: descubrimiento, toma de posesión, ocupación efectiva, jurisdicción administrativa y sucesión territorial. España ejerció varios de estos títulos en la región de Guayana, particularmente a partir de las expediciones de Antonio de Berrío y la fundación de Santo Tomé de Guayana en el Orinoco.

Más importante aún: tras la independencia, Venezuela heredó los territorios de la Corona española conforme al principio de Uti possidetis juris (visión Bolivariana), que establecía que las nuevas repúblicas conservarían los límites administrativos de las antiguas provincias coloniales. Este principio, fundamental para la delimitación territorial en América Latina, desaparece completamente del relato de Stabroek News.

La omisión no es casual. Reconocer el uti possidetis juris implicaría aceptar que el debate no puede reducirse a la mera presencia de plantaciones neerlandesas en la costa del Esequibo.

En efecto, el artículo intenta reforzar su argumento mediante una especie de arqueología de la soberanía: nombres de plantaciones, restos de fortificaciones neerlandesas, botellas de ginebra enterradas en el barro y fragmentos de cerámica Delft. La lógica implícita es que la huella material neerlandesa demostraría la inexistencia de una presencia española y, por ende, la legitimidad histórica de Guyana.

Pero la soberanía territorial nunca se ha definido por la presencia de objetos culturales o comerciales. En el mundo colonial del siglo XVII abundaban enclaves mercantiles dentro de territorios nominalmente pertenecientes a otras potencias. El comercio, las plantaciones o incluso los fuertes costeros no equivalían necesariamente a control territorial sobre vastas regiones interiores.

El argumento arqueológico del artículo es, en esencia, una metáfora poderosa, pero jurídicamente irrelevante.

Otro elemento decisivo ausente en el relato es la expansión territorial británica del siglo XIX. Cuando el United Kingdom asumió el control de las colonias neerlandesas en 1814, inició un proceso de delimitación territorial que avanzó progresivamente hacia el oeste. Este proceso quedó simbolizado en la llamada Línea Schomburgk, trazada por Robert Hermann Schomburgk en la década de 1840.

Esa línea incorporaba territorios mucho más extensos que los efectivamente ocupados por los neerlandeses en los siglos anteriores. Fue precisamente esta expansión la que provocó las primeras protestas diplomáticas venezolanas y condujo, décadas más tarde, al arbitraje de 1899.

CONCLUSIÓN

El conflicto territorial no nació de una fantasía venezolana del siglo XX. Surgió de un proceso histórico de expansión colonial en el siglo XIX, en el cual la potencia dominante de la época redefinió unilateralmente los límites heredados de la era colonial.

La historia del Esequibo, por tanto, no puede reducirse a una dicotomía entre presencia neerlandesa y ausencia española. Es la historia de imperios en transición, títulos jurídicos en disputa y arbitrajes realizados en el contexto del equilibrio de poder del siglo XIX.

Hoy, en el siglo XXI, el diferendo sigue abierto ante la International Court of Justice, y su resolución dependerá no solo de los argumentos históricos, sino también de las realidades geopolíticas contemporáneas.

Porque el Esequibo ya no es únicamente un problema de historia colonial. Es también un espacio estratégico donde convergen intereses energéticos, corporaciones petroleras y rivalidades geopolíticas en el Caribe y el Atlántico sur.

En este contexto, los artículos como el de Stabroek News cumplen una función clara: consolidar una narrativa nacional previa al desenlace jurídico del conflicto.

Pero en las disputas territoriales, la historia rara vez es neutral. Y cuando se convierte en instrumento de legitimación política, deja de ser únicamente historia para transformarse en un campo de batalla narrativo.

La controversia del Esequibo se libra hoy en tres frentes simultáneos:
el jurídico, el geopolítico y el histórico, y en ese tercer frente —el de la memoria y la interpretación del pasado— la guerra de las narrativas apenas comienza.

En definitiva, la controversia sobre la Guayana Esequiba no puede reducirse a una narrativa simplificada de presencia colonial neerlandesa frente a una supuesta ausencia española, como intenta sugerir el relato difundido por Stabroek News. Se trata de un diferendo histórico y jurídico complejo, reconocido internacionalmente desde el Acuerdo de Ginebra, que sigue siendo —desde la perspectiva venezolana— el único marco válido para alcanzar una solución práctica y mutuamente satisfactoria. En este contexto, resulta igualmente significativo que Venezuela haya reiterado su no reconocimiento de la jurisdicción de la International Court of Justice en esta controversia, posición que incluso fue tomada nota por ambas partes en la Declaración Conjunta de Argyle, firmada el 14 de diciembre de 2023 tras la reunión entre los presidentes de ambas naciones. Ese documento reconoce explícitamente la existencia de una controversia territorial entre ambos Estados y reafirma el compromiso de resolverla conforme al derecho internacional, incluido el Acuerdo de Ginebra, mediante el diálogo y la coexistencia pacífica. Por ello, más que una disputa cerrada por un laudo del siglo XIX, el Esequibo continúa siendo un problema abierto de derecho y geopolítica hemisférica, cuya solución real probablemente no emerja de narrativas históricas excluyentes, sino de un proceso político-diplomático que —a la luz del espíritu de Argyle— podría representar un paso adelante hacia una solución práctica y satisfactoria para ambas partes.

JULIO ALBERTO PEÑA ACEVEDO

Caracas, 16 de marzo de 2026


[1] https://www.stabroeknews.com/2026/03/15/sunday/the-story-of-our-western-frontier/?fbclid=IwdGRzaAQj8aBleHRuA2FlbQIxMQBzcnRjBmFwcF9pZAwzNTA2ODU1MzE3MjgAAR45Paj5R8Rbiw0C73qbUIr69qbxcjXvZ_FY92PrsJ3kFVwxSVpnVtsMX9XuTg_aem_h2BesY0VMtpXqP_M4eeK6w&sfnsn=wa

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