Gregorio De Falco, héroe de una Italia humillada por el comandante del «Costa Concordia»#SectorAcuatico

El jefe de operaciones de la Capitanía de Livorno, ordenó al capitán Schettino regresar a la nave: “Vada a bordo, cazzo”.

Roma 18 de enero de 2012.- El Capitán de fragata Gregorio De Falco , se ha convertido ya en un ídolo, en un símbolo para rescatar Italia de la vergüenza. El capitán de fragata Gregorio De Falco, napolitano de 46 años, es el hombre al que se agarra Itlia para su redención, tras la humillación sufrida por el comportamiento del comandante del Costa Concordia, Francesco Schettino.

Su conversación con la orden imperiosa para que Schettino volviera a la nave, que había abandonado llena de pasajeros en el naufragio del crucero Costa Concordia, que ha causado la muerte de once personas y una veintena de desaparecidos,  ha dado la vuelta al mundo. El capitán De Falco pasará a la historia por este ultimátum: «¡Vuelva a bordo, coño!». El primer diario italiano, el “Corriee della Sera”, le dedica el editorial en primera página, con este titular: “Gracias, capitán”.

En internet a De falco lo adoran: «Usted es un verdadero hombre», «Honor al capitán de Falco, símbolo de una Italia en la que se puede creer», «Son hombres como De Falco los que deberían gobernar. Pero estamos llenos de Schettino», «La próxima vez que me pregunten que quiero ser de grande, diré: un hombre como De Falco», «De Falco contra Schettino: Es la Italia de la legalidad contra la del bunga bunga», «Parecía la última llamada entre el presidente Napolitano y Berlusconi» (La Stampa).

El hombre más amado de Italia y el más odiado, Francesco Schettino, reflejan las dos almas de Italia. De una parte, Schettino, un hombre completamente perdido, cobarde, que casi como un niño llega incluso a decir: «Capitán, pero se da cuenta que está oscuro y que aquí nos vemos nada…». En la otra parte del teléfono, hay un hombre enérgico, De Falco, que le llama a su responsabilidad personal, y con su autoridad hace caer un castillo de mentiras: «¿ Qué quiere hacer? ¿Quiere ir a casa? ¡Vaya a bordo, coño. Es una orden!».

Dos hombres, dos historias. Una avergüenza; la otra está sirviendo para redimir y rescatar a Italia. Por eso en internet se ven frases de este tipo: «Primer ministro Monti, llame al comandante De Falco y muestre al mundo la imagen de la mejor Italia». Hoy, cuando todo el mundo lo considera un héroe, él se limita a decir: «Nada de héroe. Teníamos que haber salvado a todos».

Francesco Schettino está ahora en arresto domiciliario, en su casa de Meta di Sorrento, a 45 kilómetros al sur de Nápoles, una decisión inesperada adoptada por la juez de Primera Instancia de Grosseto, Valeria Montesarchio, que ha sorprendido y contrariado al fiscal Francesco Verusio. Ha comentado: «No lo entiendo. Tengo gran curiosidad por leer las motivaciones de la juez».

Por ÁNGEL GÓMEZ / Reuters.

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