ROSSY BELL TUSSEN BERMÚDEZ. Zarpaste, Capitana

Te fuiste hacia esa última singladura sin retorno, y con tu partida el horizonte se nos volvió más gris, más denso, cargado de una bruma que hoy nos quema los ojos.

Tú, que supiste erigirte firme en el puente de mando de un gigante de los mares —un VLSC que en tus manos halló pulso y rumbo, haciendo historia silenciosa como la primera mujer en lograr semejante hecho a escala mundial—, conocías bien el lenguaje de los abismos. Al mando del “Gorky”, surcaste miles de millas entre la incertidumbre del oleaje, la sombra constante de las amenazas y la mirada escéptica de quienes, desde tierra firme y sillones altos, dudaban de la fuerza de tus manos. Pero tu determinación no era de madera rota ni de acero frío; era un imán que encendía la fe de quienes tuvimos el privilegio de embarcarnos contigo en esa gloriosa aventura marítima.

Desafiaste al mar, a sus furias y a sus dudas, y trajiste a tu tripulación de vuelta, sana y salva, al abra seguro de la patria. El reconocimiento que muchos te negaron por pequeñez jamás empañó tu hazaña; la verdad de tu mérito quedó grabada en la memoria sagrada de los que verdaderamente creímos en ti.

Hoy, la madre naturaleza —amarga e impredecible— ha cobrado un tributo que el océano jamás pudo arrebatarte. Te ha separado del timón de este mundo junto a tu esposo y a tu pequeño marinero, en una tragedia de dimensiones tan oscuras que deja a toda Venezuela con la bandera a media asta y el alma enlutada.

Siempre he pensado que los buques, al surcar la inmensidad, van trazando una estela efímera que el viento y la espuma borran en cuestión de segundos de la faz de las aguas. Pero las almas como la tuya no navegan en el agua; navegan en la memoria. Tú has dejado una estela indeleble en el tiempo. Quienes tuvimos el inmenso honor de navegar a tu lado, de contagiarnos con tu energía incansable y de presenciar esa determinación férrea por ser siempre la mejor, no vemos un rastro que se apaga. Vemos una bioluminiscencia eterna en la noche marina, un resplandor de colores vívidos y puros que brillará siempre con la misma intensidad con la que supiste vivir.

Descansa en paz, Capitana. Buen viaje a la mar eterna.

JULIO PEÑA ACEVEDO

Caracas, 21 de julio de 2026

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Consultor marítimo-Portuario
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